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Apendicitis: Síntomas de una apendicitis crónica

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La apendicitis sin duda es una de las enfermedades más complicadas y difíciles de diagnosticar, ya que no se conocen muchos detalles sobre la misma y se confunde muy a menudo con otros tipos de apendicitis, como por ejemplo la apendicitis aguda.

La apendicitis crónica consiste en una apendicitis en la cual el apéndice siempre está inflamado. Se llama crónica porque al contrario que la apendicitis aguda, esta enfermedad suele durar mucho tipo y al final si no se trata, puede traer graves consecuencias.

Este tipo de apendicitis digamos que es más soportable que la apendicitis aguda, ya que los síntomas no son tan intensos y por este motivo mucha gente lo pasa por alto. Sin embargo, esto puede hacer que la enfermedad empeore, así que debemos tener cuidado con esto.

Por ejemplo, podría desembocar en una apendicitis aguda y en una operación quirúrgica, cuando normalmente la apendicitis crónica si se detecta a tiempo puede curarse fácilmente con antibióticos y otros tratamientos. Sin embargo, como ya hemos dicho la rapidez de detección es clave para poder curar una enfermedad de este tipo.

La apendicitis crónica se detecta rápido y se cura rápido aprendiendo a detectar sus síntomas, los cuales son totalmente distintos a los de la apendicitis aguda y se deben conocer perfectamente para poder evitar así todo tipo de confusiones.

Para esto es lo que estamos hoy aquí, es decir, para detectar todos los síntomas de la apendicitis crónica y aprender así a curar y detectar la enfermedad en la mayor brevedad posible. Vamos a verlos.

Dolor abdominal en apendicitis crónica

El primer síntoma es un síntoma que ya todos conocemos, ya que también aparece en la apendicitis aguda. Se trata de un dolor en la zona del abdomen, un dolor que empieza en la zona central, como con unos pequeños pinchazos por esta zona.

En este caso, los dolores en el abdomen no son tan intensos como en la apendicitis aguda, sin embargo, sí que vamos a sentir bastante dolor en la zona. Lo malo es que mucha gente lo puede confundir por una indigestión o algo parecido, ya que como el dolor no es tan intenso como en una apendicitis aguda, se puede confundir el dolor con el que sentimos cuando estamos mal del estómago.

Este dolor se irá haciendo cada vez más intenso, pero nunca llegará a una intensidad muy grande. Después irá bajando hasta llegar al apéndice, como veremos a continuación.

Dolor en el apéndice

Como ya dijimos, el dolor irá bajando poco a poco y hará que al final nos empiece a doler en la zona del apéndice, justamente en un punto en una esquina. Este dolor es fácil de identificar, ya que vamos a notar como cuando tocamos con el dedo en la zona, vamos a sentir como que nos duele más de lo normal.

Si sentimos que tenemos dolor en la zona en concreto, vamos a tocarnos con el dedo ligeramente en la zona hasta que sintamos dolor. Si tocando un punto concreto sentimos un dolor agudo, tenemos apendicitis. Si el dolor es controlable y soportable y dura muchos días, es apendicitis crónica. Si el dolor es muy intenso, es apendicitis aguda y tienes que ir a quirófano cuanto antes.

El dolor en la zona inferior derecha se llama punto de Mc Burney y es uno de los síntomas inequívocos de apendicitis, el cual nos permitirá saber con total exactitud si tenemos esta dolencia o no.

Vómitos, diarrea

El siguiente síntoma es exclusivo de la apendicitis crónica y es la aparición de vómitos y la descomposición o diarrea. La causa es que algo falla en nuestro intestino y el cuerpo lo sabe y por este motivo, vamos a tener vómitos y diarrea. De esta forma, vamos a sufrir estos síntomas.

Lo malo es que estos síntomas son muy comunes en todo tipo de enfermedades y por este motivo, debemos ser capaces de detectar el resto de síntomas para que en conjunto, tengamos detectada la enfermedad en un 100% de posibilidades.

Si detectas dolor abdominal y sobre todo dolor en el apéndice junto a estos síntomas, es muy probable que tengas apendicitis crónica. Si en cambio al tocar el apéndice no sientes dolor, se podría tratar de una pequeña indigestión o incluso alguna infección bacteriana corriente.

Fiebre, mareos y malestar general

El siguiente síntoma son las fiebres, el mareo y el malestar general. Esto se produce porque tenemos una infección y el cuerpo está luchando contra la enfermedad, apareciendo estos síntomas como un método de defensa del cuerpo humano ante este tipo de infecciones.

En primer lugar, tenemos la fiebre, la cual es un aumento exagerado de la temperatura corporal, hasta el punto de causar mucho dolor al paciente y no dejarle salir de la cama. Las fiebres se producen para que el cuerpo acelere su capacidad de defensa. Las fiebres aquí no son muy elevadas, pero sí muy continuadas, ya que pueden durar varios días.

Luego tenemos el malestar general, es decir, que no vas a tener ganas de moverte ni de hacer absolutamente nada. También pueden aparecer mareos, los cuales pueden ser desde unas pequeñas náuseas, hasta unos mareos en los que te tropieces mientras caminas. Todos los síntomas pueden durar meses, hasta que se cure la enfermedad.

Aumento en glóbulos blancos

Este es un método casi infalible para detectar la apendicitis crónica. Como el cuerpo aumenta los glóbulos blancos para defenderse de la infección, debemos tratar de buscar si el cuerpo ha generado más glóbulos rojos de los que debería para que de esta forma podamos determinar con mayor exactitud si estamos infectados o no.

Esto se hace realizando una Tomografía computerizada, en la zona, algo que es como una especie de escáner en el cual detectaremos si los glóbulos blancos están en un nivel normal o si en cambio están en niveles anormalmente elevados.

Lo que hay que hacer es realizar este escáner y que el médico especialista compare tus niveles de glóbulos blancos con los de una persona normal en la zona. Si los niveles son los mismos, no tienes una infección y habría que explorar otras vías, ya que podrías tener otro tipo de problema que te cause del dolor. Si en cambio los glóbulos son más numerosos no hay duda, estás infectado.

También se puede detectar con un tacto rectal, en el cual un médico podrá tocar el apéndice para comprobar si está inflamado. Sin embargo, esto ya es más delicado y no muy agradable para la mayoría de nosotros.

Causas de la Apendicitis

Ahora que ya sabemos los síntomas, vamos a ver las causas, para así poder ver por qué nos ha pasado esto y cómo poder evitarlo si nunca nos ha pasado.

La principal causa es una infección en la zona, normalmente bacteriana, la cual ha dejado al apéndice en este estado. También puede estar causada por corte de un objeto externo y por ir demasiado al baño, ya que las heces pueden dañar este órgano si se va demasiado e irritarlo.

También puede ser una apendicitis aguda que al final ha ido a menos y no ha sido necesario operar, pero que ha dejado el apéndice irritado y con cicatrices, produciendo este característico dolor que todos conocemos.

Tratamiento de la Apendicitis

El tratamiento se realiza después de un buen diagnóstico, el cual obviamente debe realizar tu médico de cabecera. En este caso, una vez realizado, el tratamiento va a depender muchísimo de las causas de la apendicitis, ya que en ciertos casos es más leve y en otros más grave.

En el caso de que haya cicatrices, normalmente la enfermedad se pasa sola con el tiempo, es decir, que en principio no habría que hacer nada para curarla y el dolor se irá pasando poco a poco. En cambio, si tienes una infección bacteriana, habrá que tomar antibióticos para eliminar las bacterias de la zona. Estos antibióticos acabarán eliminando las bacterias del todo y dejarán todo como estaba antes.

En ciertos casos hay que extirpar el apéndice, ya que éste ha quedado muy dañado y hay que eliminarlo porque ya no sirve. En este caso, se realizará una operación idéntica a la de la apendicitis aguda, es decir, abrir y extirparlo, para después coser la zona de forma normal.

Lo que nunca debe hacerse es extirpar el apéndice si está infectado, ya que la herida podría infectarse y causar males mayores. Por este motivo, ya después de desinfectar habrá que tratar de extirparlo si es necesario, pero nunca antes.

Después de una operación quirúrgica, deberás mantenerte en el hospital unos días y después seguir las indicaciones del médico. Por ejemplo, no podemos hacer ejercicio en un par de semanas y tampoco podemos hacer muchos esfuerzos durante un corto periodo de tiempo. En cualquier caso, el médico es que el que va a determinar cómo hacer el tratamiento correspondiente.

Para prevenir la aparición de este mal, realiza una dieta que no sea muy ácida y ten cuidado con ingerir objetos puntiagudos por error. Además, cuida la salud de tus intestinos para tener un tránsito intestinal normal.

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