6 errores que cometemos en la educación de los hijos

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¿Vas a tener un hijo y te estás planteando qué tipo de padre/madre quieres ser y hacerlo lo mejor posible? ¿Te está costando adaptarte a los nuevos estilos o formas de educar y no sabes implantarlo en tu hogar? En este artículo hablaremos de los seis errores que cometemos en la educación de los hijos, de manera consciente o inconsciente. Probablemente, tener un hijo sea la máxima responsabilidad que podamos tener en nuestra vida. No todos reaccionamos de una manera positiva ante este hecho o no la gestionamos de la mejor manera. Por lo general, nos preocupa la clase de vida que somos capaces de dar y los valores que podemos transmitir. En cada etapa de vida de nuestro hijo, nos asaltarán las dudas de si realmente estamos haciendo un buen papel. Es algo normal y es parte del proceso para que nuestra figura paterna evolucione. Forma parte del camino.

Entre todo el análisis que podemos hacer de cómo estamos llevando nuestra responsabilidad, hay una verdad que debemos aceptar. Es inevitable cometer errores, especialmente cuando queremos controlar opciones que escapan a nuestras posibilidades. No hemos de percibir estos errores como algo negativo, ya que también nos dan la oportunidad para educar a nuestros hijos enseñando la manera adecuada de reaccionar ante ellos. Cuando somos un referente tan importante para otra persona, es algo que de lo que no se descansa. Las 24 horas del día, los 7 días a la semana durante todo el año, estamos educando a esa persona. Ya sea de manera directa o indirecta, nuestros comportamientos o reacciones calan en los hijos. Más todavía en sus primeras etapas, ya que se les denomina «esponjas» por su capacidad de retener todo lo que ven. Ser consciente de este hecho nos ayudará a mejorar en la educación y llevar esta responsabilidad.

educación de los hijos

Los errores en la educación de los hijos

En este apartado, hablaremos de varias situaciones que pueden reflejar nuestros errores como padres y un consejo para reconducir esa situación. Seguramente nos sentiremos identificados con los momentos que detallaremos y el proceso mental que nos lleva a tomar ciertas decisiones.

1- Mi hijo es el mejor. Es uno de los errores más graves que solemos cometer desde que empezamos a educar a nuestro hijo. Obviamente, es normal que no tengamos una visión objetiva sobre las capacidades o la belleza de nuestro bebé. Es positivo ese sentimiento, pero todo tiene un límite. No hay ningún motivo para que tenga que ser el mejor o que haga todo bien. Si idealizamos a nuestro hijo, podemos estar poniendo mucho peso sobre sus hombros y le alejaremos de la realidad. Un niño no tiene que estar presionado y no hay un tiempo determinado para todo. Cada uno lleva su ritmo para aprender a hablar, escribir o desarrollar su potencial.

2- Planificar su vida. Otro error falta que cometemos en la educación de los hijos es tener todos sus próximos 18 años organizados. Lo único que deberíamos tener seguro tras su nacimiento es su sexo. Todo lo demás atiende a muchas variables que escapan o deben de escapar a nuestro deseo. Podemos creer saber que es lo mejor para nuestro hijo, pero la única verdad es que lo mejor para una persona es lo que esa persona desea hacer. Si ya hemos tomado ciertas decisiones sin contar con su voluntad, estamos condicionando el comportamiento o las futuras decisiones y formas de pensar. Esto quiere decir que nuestro hijo puede que nunca llegue a ser verdaderamente él, sino simplemente un intento de creación nuestra que no dejará satisfecho a ninguna de las dos partes. Los moldes han de quedar fuera.

Más errores comunes

3- No aceptación o apoyo. Hay muchas decisiones o gustos que pueden contradecir nuestra manera de ver el mundo. Si hay algo especial que tiene cada persona, es la capacidad de ser única. Solamente las personas con miedo y desinformación quieren que toda la gente sea igual. La orientación sexual, la religión, elección de un deporte, etc. Da igual si es un gusto o un estilo de vida, si es un detalle o una decisión importante. Nos guste o no, es lo que esa persona quiere y debemos aceptar y apoyar. Hacer lo contrario genera un distanciamiento entre las personas, por no decir que le estaríamos cortando las alas.

4- No dejar cometer errores. Un factor inevitable y determinante con el que debemos lidiar es con nuestra propia experiencia personal. Nuestros miedos, impotencias, arrepentimientos y deseos frustrados nos juegan una mala pasada. Nos condicionan a la hora de educar a otra persona y vemos una segunda oportunidad para corregir todos esos momentos. Es una intención buena, pero en el fondo es egoísta, ya que el objetivo es evitar nuestro sufrimiento. Hay que dejar que nuestro hijo se equivoque, que tenga sus etapas de dolor, que se arrepienta y que decida. Lo único que podemos hacer nosotros es aconsejarle y estar para cuando nos necesite.A partir de ahí, nos guste o no, escapa a nuestra voluntad. Es la mejor manera de que esa persona aprenda y evolucione. Si metemos a nuestro hijo en una burbuja, seguramente tendrá una vida cómoda y nunca le pasará nada que nos preocupe. Nosotros dormiremos tranquilos todas las noches y él/ella también. Pero no tendría sentido la vida si no se vive. Hemos de ser conscientes de que, como padres, sacrificamos nuestra tranquilidad por su felicidad. Nadie dijo que sería fácil, solamente que merecería la pena.

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Consejos

5- Si queremos dar una buena educación a nuestro hijo, debemos replantearnos qué tipo de personas somos y qué tipo de personas queremos ser. No la persona que nuestro entorno quiere que seas o la que la sociedad busca. A veces, si nuestro hijo sale de lo «normal», nos sentimos incómodos, cuando en realidad tendríamos que sentirnos orgullosos. Por eso, tenemos que tratar de evitar pasar nuestros miedos o prejuicios a nuestro hijo y no limitar sus deseos o pensamientos. Ayuda mucho a imaginar el cerebro de nuestro hijo como un folio en blanco. Nosotros le damos las herramientas, pero es él quién ha de pintar.

6- Es inevitable pensar todos los planes que tenemos pensado cuando nos llegue el momento de la paternidad o maternidad. De hecho, no hay nada negativo en que nuestro hijo herede nuestras aficiones. Lo no muy beneficioso es cuando intentamos activamente conducirle por ese camino. Un caso muy típico y antiguo es que un padre quiere tener un hijo para enseñarle a jugar a fútbol. En este deseo se abren dos grandes problemas; si es chica no puede enseñarle y si es chico le tiene que gustar el fútbol. Estamos creando prejuicios y una educación limitada incluso antes de que nazcan.

Desde aquí, somos partidarios de que los padres han de ser meros moderadores. Lo único que debemos transmitir es unos buenos valores y que aprendan la diferencia entre el bien y el mal. A partir de ahí, hay millones de posibilidades que él/ella deberá de tomar por su cuenta. El concepto de éxito o fracaso, de ser feliz o sentirse realizado difieren mucho entre dos personas. Queremos que nuestro hijo gane mucho dinero, aunque puede que no esté interesado o no le haga feliz eso. Nuestra principal función como padre/madre es cuidar de ellos, preguntarles qué es lo que quieren hacer y ayudarles a conseguirlo.

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