Cómo hacer jabón casero de aceite usado fácil y rápido

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En España usamos muchísimo aceite de oliva para cocinar. Tenemos la ventaja de ser uno de los países que más exporta este tipo de aceite y nuestra cocina es famosa por usarlo en casi todos los platos. Si bien es cierto que para freír no es el más indicado por su fuerte sabor, es la opción más sana, por lo que en muchísimas casas se usa casi a diario. Ya que tenemos esta suerte y podemos disponer del oro líquido a un precio más o menos asequible (da realmente miedo ver el precio que puede llegar a alcanzar el aceite de oliva si lo buscamos fuera de España), debemos aprovecharlo al máximo, ya que sus cualidades y beneficios son múltiples.

Beneficios del aceite de oliva

Y es que estos beneficios y cualidades de los que hablo no se quedan únicamente en el mundo de la cocina. Ya sabemos las propiedades que aporta el aceite de oliva si lo introducimos en nuestra dieta, siguiendo la tradicional dieta mediterránea que tan maravillosamente hemos conservado en España. Ayuda a controlar los niveles de colesterol ya que reducen el conocido “colesterol malo” y aumentan “el colesterol bueno” haciendo que nuestras arterias estén limpias y fuertes. Además es un buen aliado para nuestro corazón porque sus ácidos grasos ayudan a prevenir las enfermedades cardiovasculares. También el aparato digestivo se ve beneficiado por su ingesta, ya que reduce la secreción de ácidos gástricos y eso ayuda a prevenir las enfermedades que se puedan producir en el aparato digestivo. También se ha demostrado que tiene un ligero efecto laxante, por lo que previene el estreñimiento. Ayuda a las personas que tienen diabetes, mejora la calidad de los huesos y contiene muchísimas vitaminas y antioxidantes. En resumen: su apodo de “oro líquido” es más que merecido, ya que vale para infinidad de cosas y todas ellas tienen que ver con una mejoría de nuestra salud. Sin duda, es un buen aliado de aquellas personas que quieran vivir muchísimos más años.

Beneficios estéticos

Pero como decía, no solamente tiene beneficios a la hora de ingerirlo, sino que sus beneficios estéticos también son altamente conocidos. Incluir el aceite de oliva en nuestros rituales diarios de cuidado personal puede beneficiarnos enormemente. Por ejemplo, si lo añadimos al pelo, creando una mascarilla y dormimos con ese aceite toda la noche, al día siguiente (después de lavar el pelo bien con champú), luciremos una melena brillante y completamente reparada. También es muy hidratante, por lo que aplicarlo directamente en zonas del cuerpo que tengamos muy estropeadas, como las manos si las tienes agrietadas, ayuda en gran nivel. Pero no se queda ahí la cosa, también es un endurecedor natural de las uñas, una forma natural de evitar el encrespamiento del pelo, un exfoliante labial que deja los labios suaves y nutridos y una mascarilla facial que, gracias a sus antioxidantes, ayuda a prevenir las arrugas y los signos de cansancio, dándole al rostro mucha luminosidad y un aspecto más joven.

Así que… sí te digo que puedes conseguir todo esto creando tu propio jabón en casa y usando para ello aceite reciclado, ¿qué pensarías? Que me lo he inventado, seguramente. Pues en absoluto.

Todos estos beneficios los puedes conseguir haciendo tu propio jabón casero de aceite de oliva de una manera sencilla y en la que ni siquiera necesitarás una fuente de calor para realizarlo.

Si te interesa, sigue leyendo, porque descubrirás un buen aliado para tu limpieza diaria que te aportará multitud de beneficios.

Qué necesitarás para hacer este jabón

Tres son los ingredientes principales que necesitarás para hacer este jabón: aceite de oliva reciclado, agua destilada (lo que se busca es que no tenga ningún tipo de posos) y sosa caustica que podrás comprar en cualquier droguería o incluso en el supermercado.

También necesitarás utensilios para realizar el jabón, tales como recipientes, guantes, gafas, algo para mezclar los componentes y un molde de silicona donde verter el jabón cuando todavía esté en estado líquido. Ten en cuenta que los moldes que vayas a usar deberán estar muy bien elegidos, ya que no puedes usar cualquiera cuando estés trabajando con sosa caustica. Este elemento, alcalino, es un potente corrosivo que es capaz hasta de acabar con metales. Así que si el recipiente es de metal, tendrá que ser de acero inoxidable. Si no tienes en casa, lo mejor será usar un recipiente de cristal, que también es resistente a la sosa caustica. Los guantes y las gafas son por mera protección. Como decía, la sosa es muy peligrosa y corroe casi todos los materiales que toca, ni que decir tiene que nuestra piel es muy delicada y que será fácilmente traspasada por la sosa en un segundo. Así que durante todo el proceso, ponte los guantes lo más arriba posible y mete una camiseta de manga larga por debajo de ellos, intentando que quede al aire la menor cantidad de piel posible.

Si por lo que fuera, durante este proceso, la sosa caustica o la mezcla te tocara la piel, échate enseguida vinagre de manzana. La acidez de este tipo de vinagre contrarresta los efectos de la sosa y de la lejía que se forma en el contacto con el agua. Así que lo primero que tienes que hacer es echarte vinagre de manzana en el sitio donde te haya hecho contacto la sosa (siempre que no se trate de ojos, mucosa o lo hayas ingerido) y acudir rápidamente a un médico para que te trate.

Una vez que tengas todos estos materiales, ya podemos ponernos manos a la obra.

Fabricar el jabón

Lo primero que tienes que hacer es conseguir medio litro, por lo menos, de aceite de oliva usado. No importa para qué lo hayas utilizado ni qué hayas frito en él. Tampoco debe preocuparte el hecho de que tenga posos o está muy sucio, ya que lo limpiaremos antes de utilizarlo.

Para ello, tendremos que filtrarlo muy bien usando un colador o una manga de tela que nos ayude a que los posos no traspasen. Si el aceite está muy frío, seguramente tenga una textura más densa, así que, si lo necesitas, caliéntalo un poco en el microondas antes de empezar a colarlo. Tampoco lo calientes demasiado, lo suficiente para que la textura sea más líquida y pase más fácilmente a través de los agujeros del colador o la manga. Te tienes que asegurar fehacientemente de que el aceite esté libre de posos, así que tómate tu tiempo, hazlo tranquilamente, e invierte todo el tiempo que sea necesario.

Una vez que tengas el aceite limpio, apártalo. Déjalo ahí porque lo tendrás que usar un poco más adelante.

El siguiente paso es mezclar el agua destilada (recuerda que tiene que estar libre de posos) con la sosa caustica. Echa siempre la sosa en el agua y no a la inversa. Si echas el agua en la sosa y aquella está muy fría, puedes conseguir el llamado “efecto volcán”. Esto es que la sosa salta al entrar en contacto con el agua, pudiendo llegar a manchar alguna superficie, corroyéndola o, lo que es peor, entrar en contacto con nuestra piel, lo que nos podría producir muchísimo daño. Así que siempre echa la sosa en el agua, muy despacio y remueve con una varilla de madera, por ejemplo, para que no se dañe. Recuerda que el recipiente debe ser apto para la sosa, si no sabes cual usar, el vidrio es una buena opción. Remueve hasta que la sosa se haya disuelto. Los porcentajes variarán dependiendo de la cantidad de aceite que hayas usado, pero si el resultado final de aceite es medio litro, tendrás que usar sesenta y ocho gramos de sosa y ciento sesenta y ocho de agua destilada.

Cuando la mezcla ya sea homogénea, es hora de mezclarlo con el aceite que ya estará limpio. Añadimos el aceite muy despacio, intentando que no salpique nada en absoluto. Entonces tendremos que remover enérgicamente para conseguir una textura que podría calificarse como “hebrada”. Tienes que ver que se forman trazas o hebras en la mezcla. Quizás con unas varillas te cueste, así que la mejor forma y más rápida es hacerlo con una batidora, asegurándote después de lavarla correctamente para eliminar cualquier rastro de la mezcla.

Una vez que hayamos conseguido esa textura tan característica, podremos echar la mezcla en un recipiente de silicona. Lo más adecuado es de silicona porque, para empezar, es resistente a la sosa caustica. Y también, muy importante, porque se desmolda perfectamente. Una vez que la mezcla se haya convertido en un bloque sólido y firme, no tendremos más que desmoldarla.

Ten en cuenta los plazos

Pero antes de eso, tendremos que dejar la mezcla en el recipiente de silicona al menos durante tres horas. Es importante que tapes ese recipiente con toallas o trapos viejos, con el fin de que la mezcla se enfríe lo más lentamente posible. No es bueno que el jabón se enfríe muy rápidamente, así que lo mejor es taparla con algo un poco grueso (no vale papel de cocina) y ponerlo en un sitio neutro, donde no haya corrientes y donde no haga ni demasiado frío ni demasiado calor. Tiene que estar a temperatura ambiente y se tiene que enfriar de la manera más natural posible.

Una vez que hayan pasado esas tres horas, es momento de desmoldar el jabón, que ya deberá estar duro. Desmolamos con cuidado de no romperlo y entonces pasamos a cortarlo con un cuchillo lo más grande posible y que esté bien afilado. Lo podemos cortar en la forma que nosotros queramos. Lo normal sería hacer pequeños cuadrados, de unos seis centímetros de largo por seis centímetros de ancho, aunque si tienes imaginación, puedes innovar y cortarlo en forma de corazón, de estrella, haciendo un círculo… ahí el único límite es tu imaginación.

Si lo que te gusta es darle un toque personal a las cosas y el jabón simple te parece aburrido, cuando la mezcla esté todavía en el primer recipiente, puedes añadirle algún colorante natural que podrás encontrar en las herboristerías o bien aromas naturales para darle un toque especial. También puedes agregarle semillas para darle textura. Y, cuando lo hayas cortado, puedes envolverlo con algún papel delicado y atarlo con una cuerda para que quede mucho más bonito. No olvides decorarlo con alguna hoja de hierbas aromáticas secas, como la lavanda.

Lo más importante, aunque este procedimiento es muy rápido y muy sencillo, es que, una vez que lo tengas cortado, debes esperar tres meses antes de poder utilizarlo. Por una sencilla razón: es el tiempo que se necesita para que la sosa pierdas las cualidades nocivas. Si lo usas antes, irritarás tu piel. Así que, solo tienes que esperar tres meses. una vez pasado este tiempo, podrás usarlo como gel para el cuerpo, para el pelo, para la cara o las manos. También para lavar la ropa —si lo rallas previamente— o para fregar los suelos disolviendo un poco de este jabón en agua caliente.

Como ves, un método sencillo para reciclar tu aceite usado y conseguir un jabón magnífico para usar en tu día a día.

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