Neumonía – Tipos y síntomas de la neumonía

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Con la llegada del otoño y sobre todo del invierno, los cambios de tiempo, el frío y las situaciones climatológicas adversas pueden hacer que nuestras defensas naturales disminuyan. Ese es el momento perfecto en el que los agentes infecciosos, como virus o bacterias, aprovechan para invadir nuestro cuerpo y reproducirse dentro de nosotros.

A qué afecta la neumonía.

La neumonía es un ejemplo muy claro de ello. Se trata de una enfermedad producida por agentes infecciosos que se reproduce en nuestro sistema respiratorio, inflamando los tejidos pulmonares. En concreto, lo que se inflama son los alveolos, que son la parte del sistema respiratorio donde se hace el intercambio de aire. Recordemos que el aire entra en nuestro cuerpo a través de la nariz o la boca, pasa a través de la tráquea y llega a los pulmones a través de los bronquios. Una vez que el aire está dentro de los alveolos, que sería la última fase, se hace un intercambio entre el oxígeno que hemos respirado y el dióxido de carbono que tendremos que expulsar. Pues bien, en concreto, la neumonía afecta a esa pequeña parte del cuerpo, los alveolos. Lo que hace la infección es que rellena los alveolos con líquido infectado, por lo que hacer el intercambio de aire resulta tremendamente doloroso.

La neumonía en nuestro país es una de las primeras causas por las que la gente acude al servicio de urgencias, sobre todo, como decía al principio, en la estación de invierno, cuando las defensas naturales de la población suelen ser menores que en verano.

Afecta sobre todo a varones y se da normalmente en la población anciana que vive en residencias. Aunque es cierto que también afecta muchísimo a jóvenes y, sobre todo, a niños. En todo el mundo, la neumonía es una de las principales causas de mortandad infantil. Normalmente tiene una cura relativamente sencilla, pero otras veces se necesita ingresar al paciente.

Factores de riesgo.

Existen determinados factores de riesgo que podrían hacer a una persona ser más propensa a sufrir esta enfermedad. Estos factores de riesgo serían el tabaquismo, el exceso de peso, el alcoholismo, padecer alguna enfermedad crónica, seguir tratamientos inmunodepresores, llevar una mala alimentación…

Cuando la neumonía se presenta en una persona de avanzada edad, el riesgo de muerte es muy elevado, ya que el cuerpo tiene que hacer muchísimo esfuerzo para eliminar los agentes infecciosos y eso supone mucho desgaste.

Por eso, en cuanto se notan los primeros síntomas, lo mejor es acudir con urgencia a un centro de salud, para detectar qué tipo de neumonía se tiene y actuar lo más rápidamente posible ante ella.

Existen varios tipos de neumonía.

Y sí, es que existen diferentes tipos de neumonía, básicamente porque existen muchas maneras de contagiarse. Normalmente, cuando hablamos de una enfermedad, sabemos si esta se propaga mediante un virus, un hongo, una bacteria… La neumonía se puede propagar por varios medios. Así, la infección puede nacer por una bacteria, por un virus o incluso por hongos.

Lo más común es que el agente infeccioso se adquiera por la vía respiratoria. Lo más probable es que, al inspirar el aire que necesitamos para vivir, el agente infeccioso pase a través de nuestra boca o nariz para atravesar la tráquea y anidar en nuestros alveolos. Lo más normal es que la neumonía se desarrolle a partir de una bacteria, eso es lo más común. El problema es que no son pocas las bacterias que pueden generar neumonía. Encontramos, por ejemplo, la neumococos o la legionella, pero hay otras cuantas más que también provocan esta enfermedad. Incluso en ocasiones se da que la enfermedad se ha causado por una mezcla de varias de ella.

Aunque también puede venir esta infección mediante una carga viral. Es muy común que el virus de la gripe también produzca neumonía. Incluso el virus de la varicela también. Por eso esta enfermedad es muy común en los niños menores de cinco años, porque al ser tan propensos —si no están vacunados— a coger la varicela, es probable que este mismo virus desarrolle en ellos la neumonía.

Pero la cosa no queda ahí, es posible también que se transmita a través de un hongo. Esto suele ser normal en los pacientes que padecen el virus de inmunodeficiencia adquirida.

Ahora bien, como decíamos, lo más normal es que esta enfermedad se transmita por bacterias. Concretamente, lo más usual es que sea la bacteria neumococo la responsable de que la gente padezca esta enfermedad. Si el contagio ha sido mediante neumococo, podemos sufrir dos tipos de neumonía: la bacteriémica y la no bacteriémica. Si estamos ante el primer caso, significa que la carga bacteriana ha entrado en nuestra sangre, por lo que el riesgo de morir es muchísimo mayor que si la neumonía es no bacteriémica. Pero hay que tener en cuenta que únicamente un veinticinco por ciento de los casos de neumonía por neumococos es bacteríemica.

Tipos de neumonía dependiendo del lugar donde se haya adquirido.

Y después encontramos varios tipos de neumonía dependiendo del lugar y el momento donde nos hemos contagiado. Ya sin tener en cuenta cuál ha sido el agente infeccioso que nos ha provocado la enfermedad.

La podemos adquirir en la calle, llamándose entonces neumonía adquirida en la comunidad. Significa que, haciendo nuestra vida normal y frecuentando los lugares a los que solemos ir a diario, nos hemos contagiado.

Esto se contrapone a la neumonía intrahospitalaria o nosocomial. Esta neumonía tiene la característica de haberse propagado dentro de un medio hospitalario. Si la enfermedad empieza a mostrar síntomas estando allí ingresados, será de este tipo. Y también si los síntomas comienzan de veinticuatro a cuarenta y ocho horas después de recibir el alta y hasta diez días después. Esto significará que nos hemos contagiado dentro del hospital.

Y, por último, encontramos la neumonía derivada de la asistencia sanitaria, que no tiene por qué ser hospitalaria necesariamente. Aquí encuadrarían los ancianos que están en residencias, por ejemplo. Pero también aquellos pacientes que están ingresados largas estancias en un centro médico. Por ejemplo para recibir tratamiento de diálisis o incluso de quimioterapia.

Ahora que ya sabemos que existen varios tipos de neumonía y varias formas de contagiarse, vamos a pasar a ver qué síntomas son los que presenta una persona que se ha contagiado de esta enfermedad.

Síntomas de la neumonía.

Normalmente, los síntomas de la neumonía más comunes se dejan ver mediante un comportamiento extraño en nuestro sistema respiratorio. Lo más común es tener tos, que puede ser seca o expectorante —siendo esta la que viene acompañada de moco—, fiebre y dolor o escozor en los pulmones a la hora de respirar, que aumenta cuando vienen ataques de tos. Si la neumonía está en un estado muy avanzado, la fiebre será más alta, se tendrá dificultad para respirar y puede afectar a otras partes del cuerpo, como al sistema circulatorio, aumentando la frecuencia cardíaca.

También es muy común el que nuestra respiración suene diferente a como lo hace normalmente. Así, se puede escuchar una especie de silbido que el médico escuchará atentamente para detectar su procedencia.

El problema de que la neumonía ataque a pacientes ancianos, es que puede empeorar otras enfermedades que ya se tengan o ser la vía de entrada de otros virus o bacterias que pueden ser mortales para el paciente. Por eso la neumonía es tan peligrosa para las personas ancianas.

Si tienes alguno de estos síntomas, sobre todo fiebre y mucha tos, deberás acudir a tu centro hospitalario habitual o a urgencias para que te miren lo antes posible. Allí determinarán qué enfermedad padeces y, si es neumonía, de qué tipo es, recetándote, en su caso, los medicamentos que necesites para vencer la enfermedad.

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