Cómo funciona el sistema nervioso
El ser humano es un animal que se mueve mediante impulsos. Qué gran verdad. Pero no solamente a lo que se refiere a hacer algo cuando tenemos muchas ganas de hacerlo, no. Todo nuestro interior, nuestro cuerpo, nuestra mente, se compone y se dirige a base de impulsos. En concreto, nerviosos. Estos impulsos nerviosos forman parte del llamado sistema nervioso, del que venimos a hablar hoy. Pero antes que nada, hay que saber qué es el sistema nervioso y para qué sirve.
Qué es el sistema nervioso.
El sistema nervioso es un conjunto de estructuras y órganos que tienen como principal finalidad captar todas las señales que rodean a una persona para, después de analizarlas, mandar una orden a los músculos u órganos pertinentes para que actúen frente a aquella señal.
Podríamos decir que es una especie de guía, a través de la cual nuestro cerebro puede procesar y entender toda la información que nos rodea. Como imagináis, este proceso es tremendamente rápido, porque basta muy poco tiempo para que nuestro cerebro capte las señales que nos rodean y envíe una orden al resto de nuestro cuerpo. El resto de animales también goza de este tipo de sistema nervioso, diferenciándose del resto de seres —como pueden ser hongos o plantas—, que tienen una respuesta muchísimo más lenta en este sentido, ya que no tienen este tipo de sistema nervioso tan eficaz.

Todos sabemos que tenemos cinco sentidos, pues bien, estos sentidos forman parte del sistema nervioso. Así, mediante la piel, los ojos, los oídos, la boca y la nariz podemos tocar, ver, oír, saborear y oler todo lo que nos rodea. Estos órganos que acabo de mencionar son los encargados de captar la señal externa para ponerla de inmediato en conocimiento del cerebro. Pero no solo es fundamental para la existencia de los sentidos, sino que el sistema nervioso también es el encargado de mandar las órdenes que cada segundo nos mantienen con vida. Por ejemplo, se encarga de mandar el impulso al corazón para que no deje de latir, ordena al estómago seguir produciendo jugos gástricos, le recuerda a los pulmones que tienen que seguir encogiéndose y expandiéndose para coger aire. También controla cosas básicas como si tenemos hambre, sed o sueño. Y, por supuesto, ya que el cerebro es una parte imprescindible del sistema nervioso, este es el encargado de gestionar todos los sentimientos y emociones que sentimos, así como de guardar todos nuestros recuerdos. Por lo tanto, el sistema nervioso es fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.
Órganos que forman parte del sistema nervioso.
Ahora vamos a pasar a ver qué órganos y estructuras son los que componen este sistema tan importante del cuerpo humano.
El sistema nervioso de forma estructural.
En la parte superior, dentro del cráneo —los potentes y fuertes huesos que forman nuestra cabeza— se encuentra el encéfalo. En el encéfalo es el conjunto formado por el cerebro, el cerebelo y el tallo cerebral. Este tallo va a desembocar en la médula espinal, que también forma parte del sistema nervioso. Digamos que el conjunto de estos tres elementos forman el llamado sistema nervioso central. Pero también encontramos el sistema nervioso periférico, que es el formado por todos los nervios que nacen en el sistema central y que minuciosamente se van repartiendo por todo el cuerpo. Los nervios son o craneales o espinales. Los craneales en total son doce pares y son aquellos que, yendo desde la cabeza o el cuello, llevan la información al sistema central. Por nombrar alguno importante y conocido, tenemos el nervio olfativo, que lleva la información desde la nariz, o el nervio óptico, que lleva la información desde los ojos. En cambio, los espinales son aquellos que van desde las extremidades y el tronco hasta el sistema central. Pueden llevar información sensorial, como puede ser por ejemplo la temperatura que hace en el exterior. Estos nervios espinales son en total treinta y un pares.
El sistema nervioso de forma funcional.
Digamos que esta es la estructura que podríamos deducir si tenemos en cuenta la fisionomía, la composición del sistema nervioso. Pero lo cierto es que hay otra forma de explicar este sistema y es según la función que cumple. Así, encontramos el sistema nervioso somático, que es el que controla todos aquellos movimientos que la persona realiza consciente y voluntariamente. Por ejemplo, para escribir este artículo estaría haciendo uso de ese sistema somático, porque soy yo la que está dando la orden de escribir en el teclado. Y, por otra parte, encontramos el sistema nervioso autónomo, que a su vez se dividiría en el sistema parasimpático —que es aquel que se encarga de dar las órdenes oportunas para que nuestro cuerpo funcione, como el latir del corazón, el control de los esfínteres, los movimientos intestinales o la producción de bilis— y el simpático —que es aquel que tiene como función esencial trazar un plan de huida en caso de que estemos en peligro. Por ejemplo es el que ordena que se dilaten tus pupilas cuando hay un apagón en tu casa y así poder ver mejor. También es el que ordena a tu corazón bombear más deprisa cuando estás en una situación de peligro, para que llegue más oxígeno a todo tu cuerpo y la huida sea más rápida y efectiva—. En esta ocasión, no se tiene en cuenta qué partes del cuerpo forman el sistema nervioso, sino las funciones que realiza.

Entonces, una vez analizado todo y ya sabiendo cuáles son los órganos que lo compone, podemos pasar a ver cómo funciona el sistema nervioso. Su funcionamiento, ahora que ya sabemos un poco más acerca de este sistema, es relativamente sencillo.
Un ejemplo de cómo funciona el sistema nervioso.
Lo mejor es verlo con un ejemplo: nosotros vamos por la calle y de repente vemos una moneda que está tirada en el suelo. Nuestros ojos la han detectado y esa información viajará a través del nervio óptico hasta el cerebro. El cerebro analizará esa información: hemos encontrado una moneda. Entonces decidirá qué hacer. Ordenará a los músculos de tus piernas contraerse para que tú puedas agacharte. Ordenará a tus brazos estirarse para que puedas coger la moneda. Pero en ese momento escuchas a una persona detrás que te está hablando y te está diciendo que esa moneda es suya. Esa información viajará a través del nervio auditivo hasta el cerebro y este decidirá que te levantes y te gires para ver quién te está hablando. La información que hemos recibido viene directamente del sistema central, pero es el sistema periférico el que se encarga del resto. Y también está trabajando el sistema somático, porque todos los movimientos que hemos hecho son voluntarios, conscientes.
Mientras tanto, nuestro sistema nervioso parasimpático sigue haciendo sus funciones vitales: ordenar al corazón bombear la sangre, recordar a nuestros ojos que tienen que parpadear, controlar a las glándulas sudoríparas para que sigan manteniendo los niveles correctos de temperatura de nuestro cuerpo. En definitiva, gestionando esa multitud de órdenes que nuestro cerebro está dando constantemente sin que nosotros nos demos cuenta y que es lo que hace que nos mantengamos con vida.
Ahora bien, al darnos la vuelta vemos que el que nos ha hablado es un matón de metro noventa y que parece que se pasa la vida en el gimnasio. Nuestros ojos lo ven, por lo que a través del nervio óptico, de nuevo, se transmite la información al cerebro. Este activa de repente el sistema nervioso simpático. Ordena a los pulmones que respiren más deprisa para poder coger la mayor cantidad de aire posible. Ordena a los músculos ponerse en tensión para poder salir corriendo cuanto antes. Ordena a todo nuestro cuerpo estar alerta por si tenemos que huir. Todos esos cambios en nuestro cuerpo son involuntarios, nosotros no participamos en ello, no podemos controlarlos.

En un momento, todos los tipos de sistema nervioso que tenemos, ya sea según la definición estructural o la funcional, se han puesto en marcha. En unas décimas de segundo y sin que nosotros nos diéramos cuenta. Si tuviéramos que estar constantemente recordando a nuestro cuerpo lo que tiene que hacer y tuviéramos que ser conscientes de ello, nos volveríamos locos.
Enfermedades que afectan al sistema nervioso.
Pero aunque es un sistema de coordinación perfecto, no está libre de sufrir alguna enfermedad que puede afectar a su uso correcto.
Epilepsia.
Una de las enfermedades más comunes del sistema nervioso es la epilepsia. Esta se produce cuando determinados grupos neuronales que se encuentran dentro del cerebro sufren una hiperactivación. Esto sucede porque son demasiado sensibles a un determinado estímulo y cuando reciben este estímulo empiezan a mandar señales a todo el cuerpo demasiado fuertes, produciendo, por ejemplo, las típicas convulsiones que padecen las personas epilépticas.
Esclerosis múltiples.
Otra de las enfermedades más comunes es la esclerosis múltiple.
Esta enfermedad afecta a la conexión de las neuronas, llamada sinapsis. Esta sinapsis es la encargada de que las neuronas se mantengan unidas y la información viaje de unas a otras velozmente.
Para que la sinapsis funciones correctamente, es necesario que exista una sustancia llamada mielina. Pues bien, la esclerosis múltiple se da cuando una persona no produce la mielina suficiente como para hacer la sinapsis de manera adecuada, por lo que la información no pasa correctamente a través de las neuronas y las señales que deberían viajar por todo el sistema nervioso se van ralentizando hasta llegar a desaparecer. Es una enfermedad muy grave y que se presenta con más facilidad en las personas que tienen una edad comprendida entre los veinte y los treinta años. Los síntomas varían muchísimo de una persona a otra, pudiendo presentarse fatiga, mareos, dificultad para hablar o realizar determinados movimientos, incluso llegando a alterar la capacidad visual y cognitiva. Es muchísimo más frecuente en mujeres que en hombres, teniendo aquellas el doble de probabilidades de padecerla que los hombres. Y son más de dos millones quinientas mil personas las que padecen esta enfermedad, siendo muchísimo más frecuente en el hemisferio norte que en el sur.
Demencias.
Por último, hablaremos de las demencias, otro tipo de enfermedades del sistema nervioso. También es muy común en toda la población, pero esta enfermedad, al contrario que la anterior, afecta a la población más adulta. A partir de los sesenta años es cuando más común es sufrir una demencia. Tienen en común la pérdida de neuronas y la capacidad de estas de transmitir impulsos nerviosos, por lo que las capacidades cognitivas y motoras se ven gravemente afectadas. Un tipo de demencia es el alzheimer. Es muchísimo más común de lo que pensamos. Se calcula que para el año dos mil cincuenta, más de dieciséis millones de personas padecerán esta enfermedad en Estados Unidos. Además es una enfermedad que no tiene cura y que va empeorando con el tiempo. Otro tipo de demencia es el parkinson. Esta se genera por la falta de dopamina. Al faltar la dopamina, la información no sigue el circuito que debería seguir, lo que hace que existan temblores en el cuerpo o rigidez de los músculos. También la demencia senil es muy común.
En definitiva, el sistema nervioso es el que rige casi todo el cuerpo. Si falla, falla todo lo demás.