Respiración pulmonar: qué es, definición y significado

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El cuerpo humano es muy curioso. Todos tenemos uno, todos lo usamos y gracias a él somos quién somos. Pero la verdad es que muy pocos se paran a pensar en su funcionamiento o en su composición. Nosotros vivimos, comemos, bebemos, corremos, cantamos, bailamos… y no nos paramos a pensar que cómo ni por qué. Y, algo que todos hacemos constantemente sin darnos cuenta y si no fuera así no estaríamos ahora mismo donde estamos, es respirar. Respiramos constantemente, sin ser conscientes de ello. Bueno, ahora que lo acabo de mencionar es muy posible que te hayas empezado a dar cuenta de que estás respirando. Y puede que incluso le estés mandado órdenes a tu cerebro para que este a su vez mande órdenes a los pulmones para que sigan trabajando. Inspirar. Espirar. Pero la verdad es que no tienes que hacerlo. Tu cuerpo es lo suficientemente inteligente como para mandar esa orden él solito. No necesita que tú se lo recuerdes. Ya que si fuera así, si tú tuvieras que recordar a tu cuerpo que tiene que seguir obteniendo oxígeno del exterior, supondría que no podríamos hacer más que eso: pensar en respirar. No podríamos ni siquiera dormir. Cualquier momento de desconexión significaría la muerte. Tranquilo. Tu cerebro va a seguir salvándote la vida segundo a segundo.

Ahora bien, respirar es algo que hacemos contantemente, pero ¿sabes cómo es el mecanismo de la respiración? ¿en qué consiste? Lo cierto es que es algo sumamente interesante y en este artículo espero despejar cualquier duda que tengas sobre ella.

En qué consiste la respiración.

Todos sabemos que la respiración consiste, salvando las distancias, en inhalar oxígeno para después exhalar dióxido de carbono. Sí, eso es.

Pero queda mucho más técnico decir que la respiración es un proceso mediante el cual se produce un intercambio de gases dentro de nuestros órganos llamados pulmones. Así, estos harán acopio del oxígeno que se ha introducido en nuestro cuerpo y, tras ese proceso de intercambio, expulsará dióxido de carbono.

El oxígeno.

Pero, ¿qué es el oxígeno y por qué es tan importante para nosotros? El aire está compuesto, en parte por oxígeno pero también por otros gases, como el nitrógeno y otros en menor medida como el ozono o el dióxido de carbono. El oxígeno es esencial para nuestro cuerpo porque es la sustancia que las mitocondrias necesitan para poder hacer bien su trabajo. Las mitocondrias forman parte de todas y cada una de nuestras células y son las encargadas de generar energía. Usan el oxígeno para convertirlo en energía y, en ese proceso, expulsan el dióxido de carbono. Justo a la inversa que las plantas, que usan el dióxido para después liberar oxígeno.

El oxígeno es llevado desde nuestros pulmones a todas las células del cuerpo a través de los glóbulos rojos. Si sois de las décadas de los ochenta y noventa recordaréis perfectamente a nuestros pequeños amigos los glóbulos rojos que salían en numerosos capítulos de Érase una vez el cuerpo humano. Cada vez que pienso en ellos me los imagino como en los dibujos: unos señoritos que vestían completamente de rojo y que a sus espaldas cargaban como unas burbujas o pompas de jabón. Esas pompas serían el oxígeno y los señores los encargados de trasportarlo a todos los rincones de nuestro cuerpo. Sin ellos, las mitocondrias no podrían realizar su trabajo y, por lo tanto, nuestro cuerpo no podría trabajar como debiera.

Partes esenciales del cuerpo que participan en la respiración.

Hablaba al principio de que la respiración es un acto normalmente mecánico —hay que tener en cuenta de que nos estamos refiriendo a la respiración en un cuerpo humano sano, en el que no se necesita existencias tecnológicas que ayuden a la persona a realizar este proceso—. Esto se debe principalmente a la médula oblonga, también conocida como bulbo raquídeo, que se sitúa justo debajo del puente troncoencefálico y encima de la médula espinal.

Su función principal es la de enviar impulsos que van desde la médula espinal hasta el propio cerebro. Así, controla no solo la respiración, sino también actos involuntarios del cuerpo como la deglución, la tos, los estornudos o los vómitos. Teniendo todo esto en cuenta, podríamos decir que, si el bulbo raquídeo o médula oblonga falla y deja de funcionar correctamente, el resultado que obtendríamos sería el de la muerte, ya que lo primero que haríamos sería dejar de respirar, haciendo que fallara el corazón. El bulbo raquídeo tiene también la capacidad de analizar el estado en el que se encuentra el cuerpo en cada momento y del tipo de aire que estamos respirando, ayudado por el sistema nervioso y por las glándulas hormonales que tenemos por todo el cuerpo. Así, puede ordenar a los pulmones inhalar más o menos cantidad de aire dependiendo del estado en el que nos encontremos. Pues bien, gracias a esa médula oblonga de la que hablamos, ahora mismo no te tendrías por qué estar preocupando de respirar, ya lo hace ella sola sin que tú tengas que hacer ningún esfuerzo.

Los pulmones.

Ahora hablemos de los pulmones. Todos deberíamos saber que son dos de los órganos más importantes que tenemos en nuestro cuerpo y, de los más grandes. También es importante saber que ambos órganos tienen diferente tamaño, siendo, normalmente, el izquierdo de menor tamaño que el derecho, por el hecho de que encima del izquierdo se halla el corazón, que le quita un trozo del espacio que le debería corresponder. Otra parte esencial del sistema respiratorio de los humanos es el diafragma, que, además de servir para cantar como los ángeles si se sabe controlar, es un órgano que se encuentra justo debajo de los pulmones y que se contrae y expande constantemente para ayudar a que el aire entre más fácilmente en los pulmones. El funcionamiento de este órgano es sencillo pero fascinante al mismo tiempo: cuando nota que el cuerpo va a empezar a inhalar aire, se contrae sobre sí mismo para dejar cuanto más espacio mejor a los pulmones, que se expandirán dentro de la caja torácica para conseguir meter dentro de ellos la mayor cantidad de oxígeno posible. Después de esto y, en apenas unos segundos, el diafragma volverá a expandirse rápidamente para ayudar a los pulmones, a su vez, a contraerse y así expulsar el dióxido de carbono que nuestro cuerpo ya no necesita.

La caja torácica, nariz, boca y tráquea.

Ya vemos que los pulmones no pueden trabajar por sí solos y por ello también existen las costillas y la caja torácica. A una distancia prudente de estos, sirven para evitar daños en los pulmones en caso de que tengamos algún accidente. Si las costillas no estuvieran donde están, probablemente el menor impacto ocasionaría un gran daño en nuestros órganos.

También tienen un papel esencial la nariz y la boca —por supuesto— por donde se introduce el aire dentro del cuerpo y por donde se expulsa a su vez y que actúan como filtro, sobre todo la nariz. La nariz, llena de pequeñas vellosidades por toda la cavidad nasal, hace que todas las partículas indeseadas para nuestro cuerpo se queden adheridas a ellas. Por eso siempre se recomienda inhalar por la nariz y exhalas por la boca, para que nuestra nariz sea el filtro y no directamente los pulmones.

Una vez que el aire está dentro de nuestro cuerpo, viajará a través de la tráquea. Todos hemos oído hablar alguna vez de la famosa traqueotomía. Sobre todo si somos fans de House o Anatomía de Grey donde recurren capítulo sí, capítulo también a esta técnica. Se usa esencialmente cuando existe algo que interrumpe el paso del aire a la tráquea. Lo más probable es que se deba a que un cuerpo extraño se aloja dentro de nuestra garganta, taponándola e impidiendo el paso del oxígeno. Así, se tendrá que realizar un pequeño corte entre los anillos cartilaginosos (si nos tocamos a la altura de la nuez podremos notarlos como pequeñas protuberancias) e introducir un tubo o algo que haga las veces de ello para ayudar a que el aire entre directamente en la tráquea. Es una técnica arriesgada ya que muchas veces se hace en momentos de vida o muerte en las que no se tienen todos los medios necesarios que se deberían tener. Por ejemplo, una anestesia general del paciente, un buen desinfectante y un equipo completo para realizar traqueotomías. El mayor problema que presenta es que no existe ese filtro del que hablábamos. El aire, al no pasar por las vellosidades contenidas en la nariz, entrará en nuestro cuerpo tan y como está en el exterior. Pero, menos mal, que existen los cilios. Estos también son unas vellosidades, pero que se encuentran a lo largo de la tráquea. La diferencia con los de la nariz es que son muchísimo más pequeños y, por lo tanto, las partículas a las que puede impedir el paso serán mucho menores que las que puedan ser retenidas en la nariz. Estas vellosidades se encuentran enmarcadas dentro de una mucosa que tiene como objetivo principal retener sustancias que nos producen alergia, virus, polvo o bacterias. Pero, si estas lograran pasar a los pulmones, siempre tenemos la oportunidad de limpiarlos con algún que otro remedio casero.

Cómo afecta el tabaco en la respiración pulmonar.

Una curiosidad importante de mencionar, sobre todo si sois fumadores, es que el tabaco hace que estas vellosidades no trabajen correctamente. Como resultado, tenemos el que cualquier agente indeseado se cuele en nuestro cuerpo sin ningún filtro. Esto normalmente tiene como consecuencia la bronquitis, ya que las sustancias patógenas harán que se inflamen más fácilmente las mucosas de los bronquios. Así que, desde aquí mi consejo ahora que sabéis el funcionamiento del sistema respiratorio: quered a vuestro cuerpo y escuchadle, el tabaco solo consigue destrozarlo.

Los bronquios.

Una vez que pasamos la tráquea, encontramos los bronquios, que son dos especies de canales que se bifurcan cada uno para un lado, dirigiéndose cada uno de ellos a sendos pulmones.Si se nos inflama esta parte del cuerpo, padeceremos de bronquitis, lo que supondrá que la respiración nos resulte mucho más costosa, ya que la cantidad de aire que entra en los pulmones no es la misma que en un estado de salud normal. Estos bronquios empezarán a dividirse una y otra vez, formando una especie de ramificación donde se encuentran los bronquiolos. Y, por último, los bronquiolos derivarán en los alveolos que son los encargados de llevar a cabo el intercambio de gases del que hablábamos al principio.

Estos, al conectar directamente con los vasos sanguíneos, depositarán en ellos el oxígeno, haciendo que las células lo repartan por todo el cuerpo, siendo ya competencia del sistema circulatorio. Y, a su vez, recogerán el dióxido de carbono que se ha producido en el proceso de conversión del oxígeno en energía dentro de las mitocondrias, para que realice otra vez todo el recorrido, pero esta vez de vuelta al exterior.

Básicamente este es el funcionamiento de la respiración pulmonar que, aunque a simple vista puede parecer un proceso sencillo, lo cierto es que tiene su complicación, sobre todo por la cantidad de órganos que participan en ella y por lo importantísimo de su correcto funcionamiento.

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