Tratamiento de la neumonía

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Con las bajas temperaturas y la climatología adversa, aumenta la probabilidad de sufrir neumonía. Esta infección suele resultar bastante incapacitante, además de ser motivo de hospitalización en algunos casos. Nuestros pulmones se ven infectados de diferentes microorganismos y necesitan ser tratados para volver a su estado normal.

La neumonía puede tratarse con tratamiento farmacológico y con medidas de prevención, que nos van a hacer olvidarnos de ella por mucho tiempo. En este artículo hablaremos de los tratamientos que existen hoy en día para hacerle frente a esta infección de los pulmones.

Si quieres saber que es la neumonía, que síntomas tiene y que tratamientos existen, te recomiendo que sigas leyendo estas líneas. ¡Toma nota!

La neumonía

Llamamos así a la infección de los pulmones debido a la entrada de diferentes tipos de microorganismos a nuestro cuerpo. Cuando se da esta invasión, los sacos aéreos de nuestros pulmones se llenan de material purulento, y esto es lo que crea los síntomas tan característicos.

La neumonía puede darse en cualquier persona de cualquier edad. No obstante, las características de cada afectado podrán determinar su gravedad y su evolución. Las neumonías más graves suelen aparecer en niños y ancianos, así como en personas con algún tipo de problema de salud. En estos casos, esta infección suele provocar la hospitalización del paciente, debido a la vulnerabilidad que presentan ante una infección que puede ser muy fuerte.

Tratamiento de la neumonía

Las causas de la neumonía

Las causas de esta infección se deben a varios motivos. Por una parte, un sistema inmunitario débil podría estar implicado en cualquier tipo de infección, como en este caso. Nuestro sistema inmune supone una barrera que impide que diferentes microorganismos accedan al interior de nuestro cuerpo, y puedan infectarlo. Por otra parte, el tipo de microorganismo que ha provocado la neumonía también supone otra de las causas principales. Estos pueden ser virus, bacterias y/u hongos.

La infección puede haberse producido en diferentes lugares. En función de donde haya estado situado el foco infeccioso, estaremos hablando de diferentes tipos de causas.

De esta forma, podemos hablar de neumonía adquirida en la comunidad, cuando el foco infeccioso se sitúa en nuestro ambiente. También es posible que la hayamos adquirido en el hospital, o por haber estado en contacto con personas portadoras de esta infección.

Además de ello, existen unos factores de riesgo que predisponen a sufrir la enfermedad, y que deberemos controlarlos como medida de prevención. Entre ellos encontramos ser fumador habitual y padecer alguna enfermedad que afecte a los pulmones.

Los síntomas de la neumonía

La gravedad de los síntomas dependerá de la gravedad de la neumonía. Por ello, pueden existir casos en los que los síntomas son leves, y otros con carácter severo. En general, toda neumonía comparte los mismos síntomas, variando en su afectación.

Si creemos estar sufriendo una neumonía, deberemos poner especial atención a los siguientes síntomas:

  • Tos con flema
  • Dificultades para respirar
  • Dolor en el pecho
  • Fiebre
  • Escalofríos
  • Problemas gastrointestinales (nàusesas, vómitos, diarrea)
  • Fatiga, cansancio
  • En personas mayores puede ir acompañado de desorientaciones

¿Cómo podemos prevenir la neumonía?

Existen diferentes acciones que podemos hacer para prevenir la neumonía. La prevención es la manera más importante y efectiva de contraer esta infección, que en ocasiones, resulta muy peligrosa y puede tener consecuencias fatales.

Las recomendaciones para prevenir la neumonía están a nuestro alcance, por lo que nos resultarán muy fáciles de llevar a cabo. Con ellas, estaremos potenciando nuestra salud.

Algunas de ellas son:

  • Haz uso de la vacuna: Actualmente, existe vacuna para la neumonía. Es muy recomendable hacer uso de ella, sobre todo aquellas personas que suponen grupos de riesgo (personas con enfermedades pulmonares o cardiacas, bebés, niños y ancianos).
  • Aléjate del tabaco: El tabaco es uno de los factores de riesgo que predispone a sufrir neumonía. Dejar de fumar es el mejor remedio para evitar los innumerables problemas de salud que provoca el tabaco. Si no sabes cómo puedes dejar de fumar, nuestro artículo «Cómo dejar de fumar» te puede ayudar.
  • Mantén unos buenos hábitos de vida: Y, sobre todo, llévalos a cabo de manera regular. Una alimentación equilibrada y una vida activa pueden aumentar la efectividad de tu sistema inmunitario, de manera que tu cuerpo esté preparado para hacerle frente a los microorganismos que causan las enfermedades infecciosas.
  • Lávate las manos frecuentemente: De esta manera, estarás eliminando de ellas cualquier microorganismo peligroso.

Si creemos tener neumonía

Una vez descritos los síntomas, es posible que sospeches que estás pasando una neumonía. En ese caso, es necesario acudir al médico para emitir diagnóstico, determinar la gravedad y empezar tratamiento médico.

Esto cobra más importancia si la persona es un bebé, niño o anciana. Estas poblaciones suelen requerir tratamientos más fuertes, por la vulnerabilidad que presentan sus sistemas inmunológicos.

Es necesario tomar el tratamiento recetado por el personal sanitario, respetando las pautas de las tomas, así como su duración.

Una neumonía no tratada correctamente puede provocar serios problemas de salud. La infección puede propagarse al torrente sanguíneo y viajar con él, afectando a los órganos de nuestro cuerpo y produciendo una insuficiencia orgánica. Además, puede producir un derrame pleural, un problema de salud que complicaría el estado del paciente.

Tratamiento de la neumonía

El diagnóstico

Una vez en la consulta del médico, el profesional podrá solicitar diferentes pruebas que ayuden a emitir el diagnóstico de neumonía. Entre ellas, es muy común un análisis de sangre, una radiografía del tórax y una pulsioximetría. En caso de pertenecer a alguna de las poblaciones de riesgo, puede ser necesario cumplimentar las pruebas con otras.

Tratamiento de la neumonía

Existen diferentes tipos de tratamientos para curar la neumonía. Dependiendo de su gravedad, nuestro médico podrá recetar uno u otro. En  general, el tratamiento de la neumonía puede terminar con ella en un par de semanas, aunque es posible que el cansancio dure un poco más.

Los tratamientos médicos se basan, principalmente, en la administración de fármacos. Entre ellos encontramos:

  • Analgésicos y antifebriles: Necesarios para aliviar la fiebre y el dolor producido por la neumonía.
  • Antitusivos: Aunque no existen evidencias científicas de que los antitusivos sean capaces de eliminar la tos, si que pueden disminuirla y esto hará un doble efecto: Por una parte, nos dejará descansar. Por otra parte, evitará parte del dolor que experimentamos al toser.
  • Antibióticos: Estos tratamientos farmacológicos se recetan cuando la neumonía está producida por bacterias. Actualmente existen diferentes tipos de antibióticos, que afectan a diferentes bacterias. Por ello, se deberá recetar el antibiótico adecuado para aquellas bacterias que han causado esta infección.

En algunos casos será necesaria la hospitalización de la persona, sobre todo si pertenece a algún grupo de riesgo o si la infección presenta síntomas severos.

Tratamiento de la neumonía

A modo de conclusión

La neumonía suele ser bastante frecuente en épocas de frío. Son muchas las personas que experimentan esta infección de los pulmones, por diferentes microorganismos.

Es importante atender a los síntomas y acudir al médico en caso de sospechar que podamos estar padeciendo una neumonía. Aunque en población normal no tiene por qué complicarse, no tratarla puede tener peores consecuencias, algunas de ellas fatales.

Cuando la neumonía se da en bebés, niños, ancianos y personas con enfermedades cardiacas o pulmonares, las consecuencias suelen ser peores. Por ello, en estos casos cobra importancia acudir al médico.

El tratamiento farmacológico se basa en antibióticos, antitusivos y analgésicos. De esta forma, se ataca a todos los síntomas que produce la neumonía, combatiendo la infección que la causa. En población de riesgo puede ser necesaria la hospitalización de los pacientes para garantizar su mejor recuperación.

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