8 pasos para sanar las heridas emocionales de la infancia

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¿Has tenido la sensación de que algo siempre falla, pese a que todo vaya bien? ¿Pasas por etapas de dolor, sin saber las consecuencias o no te sientes cómodo contigo mismo? Si has sufrido alguno de estos sentimientos, puede que la base del problema esté en tus experiencias como niño. Por eso, en este artículo hablaremos de los ocho pasos para sanar las heridas emocionales de la infancia. Es una etapa de desarrollo en la que adquirimos ciertas creencias que perduran durante el resto de nuestra vida. Pese a su profunda raíz, se pueden corregir con un gran esfuerzo y constancia. El proceso puede ser doloroso o largo, pero es importante avanzar en nuestras vidas para dejarlo atrás. Al no ser tan conscientes o al ser tan inocentes a esas edades, los «golpes de la vida» nos afectan mucho. Hacen más mella que en nuestra etapa adulta, por estar indefensos.

Estos primeros años se antojan vitales en nuestro desarrollo y carácter. Ante numerosas situaciones no deseados, no controlamos nuestra reacción. Finalmente, son esas escenas las que tienen un impacto y nos definen, de una manera u otra. Con los compañeros de clase, los amigos, nuestra familia e incluso con conocidos. La infancia es un tiempo de plena socialización en la que aprendemos a comportarnos y pulimos las reacciones. Ya sea consciente o inconscientemente, somos nosotros los que nos definimos a nosotros mismos, por acción u omisión. Las heridas emocionales producidas en la infancia tienen su eco en nuestra fase adulta. Es por este motivo que no debemos dejarlos a un lado o enterrarlos en nuestro interior. Tarde o temprano, se hacen grandes y su influencia crece en nosotros. Estas secuelas también nos pueden servir para aprender de ciertos errores y crecer como personas. Todo problema, a la larga, nos ayuda.

infancia

Las heridas de la infancia

Las heridas emocionales producidas en la infancia son claves y llegan a dominarnos en todas nuestras decisiones. Es importante no «esconderlas bajo la alfombra», porque es allí donde se hacen fuertes. A continuación hablaremos de los pasos que nos ayudarán a sanar

  1. Hablar sobre ellas. Como con todos los problemas, hablar de ellos con una persona de confianza nos ayudará. Tendremos otro punto de vista y, una vez contado, nos habremos librado de un peso. Nos sentiremos más ligeros, al no tener tanta carga sobre nosotros y no poder contar. Es importante que el receptor sea alguien de nuestro entorno o una persona cualificada que nos pueda guiar en el camino para solucionar el problema. La confianza o el conocimiento por parte de la otra persona es clave en el proceso de sanación.
  2. Terapia de choque. Todos tenemos alguna escena que recordamos con cierto dolor, por lo que hemos sufrido en el momento. Esas situaciones nos marcan y nos condicionan más de lo que creemos. Por ello, enfrentarse a ese tipo de situaciones, o parecidas, en el presente, nos ayudará. Nos sentiremos reforzados y con seguridad al haber pasado por el mismo momento que en nuestra infancia y haberlo superado.
  3. Reflexionar. De vez en cuando, está bien replantearse ciertas actitudes tomadas en ese momento. Gracias a este paso, se puede sacar conclusiones lo bastante reveladoras como para encontrar una solución. Tener en cuenta las circunstancias también es importante en este sentido, ya que nos servirá para saber cómo reaccionamos ante ellas. Hacer una reflexión lo bastante sincera y atrevida, nos permitirá seguir hacia delante cerrando los asuntos del pasado de una manera sana. El pasado lo debemos tomar como un libro con grandes lecciones que podremos repasar en momentos determinados. Es una manera muy efectiva de tener un análisis objetivo.

Más pasos para sanar heridas

  1. Aprender del pasado. Es normal «tropezar» con la misma piedra dos veces, pero lo que no debemos hacer es encariñarnos con ella. Usar ese dolor para crecer y evolucionar como personas será un gran paso para dejar el sufrimiento atrás. La vida es un camino de aprendizaje, en el que cada uno lo hace de una manera más fácil o difícil.
  2. Dejar el pasado atrás. Pensar continuamente en los errores cometidos con el único objetivo de «meter el dedo en la llaga» no es nada productivo. Haremos la herida más grande y no nos servirá de ninguna ayuda. A veces, hay que aprender a aceptar las cosas tal y como se han dado. Dejar ir ese sufrimiento es nuestra única opción.
  3. Aprender a perdonar. Puede que en nuestra infancia hayamos tenido a esa persona que no nos gustaba nada. También es posible que se hayan portado mal con nosotros y ese comportamiento nos haya marcado de una manera negativa. Retener ese dolor no nos ayuda en nada. Por eso hay que aprender a perdonar. Este paso es el más difícil y doloroso, pero una vez dado de verdad, sentiremos que nos liberamos de esa carga que tanto daño hace y tanto nos frena.
  4. No avergonzarse. Quien más y quien menos, ha tenido sus momentos embarazosos en la infancia. Saber reírse de ellos es importante para restarle importancia.
  5. Ser positivo. Esta es una actitud muy recomendable para cualquier situación en nuestra vida. Ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío es clave para ser feliz. Todo se trata del enfoque que le queramos dar y ver soluciones, no problemas. De esta forma, dirigirás tu mente y todas tus energías en hacer que las heridas de la infancia sanen. Una sonrisa tiene el poder de cambiarlo todo en un instante.

infancia feliz

Consejos

Para combatir el estrés, es importante no procrastinar. A veces, el dolor de enfrentarse al problema es mayor que las ganas de solventarlo. Por eso, elegimos sufrir un poco todos los días y no enfrentarnos cara a cara con nuestros temores. Pero es mejor quitarse la tirita de golpe, que poco a poco.

Demostrando nuestros sentimientos, también nos ayudará a tener una relación sanas con las personas que nos rodean. Por eso, posiblemente te interese saber las siete formas de expresar más afecto a quien amas. Ya que es importante querer, pero también lo es hacerle saber a la otra persona de tu sentimiento.

Si hemos tenido problemas más graves y heridas que no sabemos cómo cerrar, puede que nuestra mejore solución sea la ayuda de un profesional. Los psicólogos estarán con nosotros, escucharán nuestros problemas y nos enseñarán el camino. Al contrario de lo que la gente pueda creer, ir al psicólogo no significa que uno está loco. Es un servicio muy sano, para pulir nuestros puntos débiles y complejos. A cualquier persona le vendría bien la visita a un psicólogo, ya que esto nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos. En este caso, debemos confiar plenamente en el profesional que habremos elegido y seguir las pautas que nos haya marcado previamente. Es un paso clave, ya que de ello depende todo nuestro proceso de recuperación.

Para estar mejor con nosotros mismos, debemos hacer el esfuerzo y dedicarle tiempo. Es como cuando estudiamos para una asignatura o practicamos un deporte. El entrenamiento es clave para mejorar y desarrollar tus habilidades, para después ponerlas en práctica. Por ello, ese tiempo y esfuerzo no será en vano si le añadimos la constancia y las ganas de superación que debemos tener para dejar el problema atrás.

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