Cómo curar ampollas

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Hace unos meses, exactamente tres meses, me fui de viaje a Nueva York. Sabía que iba a andar muchísimo, muchos kilómetros al día, así que me tenía que llevar el calzado más cómodo posible. Me hubiera llevado unas deportivas, pero en noviembre, mes en el que iba a viajar, en Nueva York las temperaturas alcanzan los grados negativos, así que lo mejor era pensar en un calzado de invierno que también abrigara. Así que me llevé unas botas planas, con caña alta, para ir cómoda y conseguir que mis pies no se enfriaran demasiado. También llevé calcetines gruesos porque suelo tener siempre los pies helados y necesito unos calcetines que no sean finos, para poder aguantar más el calor. Error. Fue un error completamente, porque a la mañana siguiente de dar la primera caminata tenía los pies llenos de ampollas. El calor que daban las botas, más el calor de los calcetines, sumado a que las botas no eran traspirables, como pueden ser unas deportivas, hizo que mis pies se resintieran y al día siguiente estuvieran llenos de ampollas.

Lo único que sabía yo en ese momento acerca de las ampollas es que no se deben explotar. Se deben dejar tal y como están para que ellas mismas se sequen o terminen explotando. Pero esto es un problema cuando todavía te quedan siete días por delante de interminables caminatas, ya que el no reventar la ampolla significa no poder casi ni andar, porque producen muchísimo dolor. Así que yo, usando una mezcla entre español e inglés, intenté decirle a la chica de la recepción del hotel que si me podía prestar un poco de sal y una aguja. La chica me miró con una cara que nada más que reflejaba sorpresa. Yo no sé si se pensó que iba a hacer algún ritual o algo, porque me dio lo que le había pedido con bastante reticencia. Así, con esos ingredientes pude curarme rápidamente las ampollas para poder seguir disfrutando de mi viaje.

Qué es una ampolla.

Pero vamos a empezar por el principio, no vayamos a adelantarnos. Empezaremos por explicar qué es una ampolla. Las ampollas son una especie de abultamiento que sale en la piel, en cualquier parte del cuerpo, y que rápidamente se llena de líquido. Normalmente este líquido es trasparente, como si fuera agua, pero hay veces que presenta un tono como rosado. Eso se puede deber a que dentro de ese líquido se han colado unas gotas de sangre.

En realidad, las ampollas son una especie de mecanismo de defensa que tiene nuestro cuerpo. Cuando nuestro cuerpo detecta un daño en la piel, lo que hace es elevar esa capa para poder empezar a crear una nueva capa de piel debajo de la que está dañada.

Así, mientras la capa de arriba explota, a nuestra piel le ha dado tiempo a regenerarse y a crear una piel más dura y sana. Así, estas ampollas salen cuando tenemos rozaduras, cuando hemos expuesto la piel a quemaduras solares o químicas, también cuando sufrimos procesos de congelación de gran envergadura, cuando sufrimos ciertas enfermedades como la varicela o cuando tenemos alguna reacción alérgica que se manifiesta en nuestra epidermis. Estas son las causas más habituales. Cuando hablaba al principio de las ampollas que me habían salido en los pies, se debía a la primera causa: la de las rozaduras. Al andar, los zapatos van rozando (sobre todo si no son de nuestra talla y nos quedan o grandes o pequeños), y por eso nuestra piel detecta que vamos a sufrir un daño en esa zona de nuestro cuerpo y decide que es el momento de empezar el proceso de autoregeneración de la piel.

Qué hacer si tienes una ampolla.

Como decía, lo primero que se aconseja es no explotar nunca la ampolla, ya que si se hace, si se explota, se deja la piel que todavía no está regenerada al aire libre, lo que puede significar que las bacterias y los organismos no deseados se alojen en esa cavidad, creando una molesta infección. Y si la zona se nos infecta, el proceso será más doloroso y más lento, ya que la curación nos llevará más tiempo.

Poner los pies a remojo.

Así que, sin reventar la ampolla, lo que se aconseja es sumergir los pies en un barreño lleno de agua caliente donde habremos añadido más o menos una cucharada sopera de sal por litro de agua. Tendremos que tener los pies a remojo durante unos quince o veinte minutos. Al principio es probable que te moleste y te escuezan las ampollas, es normal. Eso es por la sal, que está curando la zona. Tienes que aguantar, ya que solo dolerá al principio. Después, relájate y mantente con los pies a remojo durante ese tiempo. Luego saca los pies del barreño y sécatelos con una toalla limpia (procura que la toalla no haya sido usada, ni siquiera por ti, ni que esté húmeda, para evitar cualquier tipo de infección). Tendrás que secarte los pies dándote golpecitos con la toalla, no frotando, para evitar romper la piel que recubre la ampolla.

También se puede alternar esta opción, la del agua caliente con sal, por agua caliente con tomillo o con romero, ya que ambos ingredientes son antiinflamatorios y te ayudarán a combatir el dolor producido por las ampollas. Lo ideal sería darte un baño con sal por la mañana y otro con el tomillo o el romero. Así podrás beneficiarte de todas las propiedades que necesitarás para acabar con las ampollas. Para hacer el baño de tomillo o romero, basta con poner cinco litros de agua a hervir en una olla y añadirle cien gramos de la hierba seleccionada. Deberá hervir durante unos cinco minutos. Luego lo dejaremos enfriar un poco, lo suficiente para que no queme, lo echaremos en un barreño y meteremos los pies durante quince o veinte minutos.

Si tienes oportunidad, deja los pies al aire para que se seque por sí sola la ampolla. Lo idea es hacer esto antes de irse a la cama, para poder dejar reposar la ampolla durante toda la noche.

Reventar la ampolla.

Si se da el caso de que necesitas con urgencia ponerte los zapatos y no puedes ponértelos porque la ampolla te resulta muy dolorosa, es hora de drenarla.

Para ello necesitarás una aguja y alcohol. Si no tienes alcohol a mano, puedes usar un mechero. Se trata de desinfectar lo máximo posible la aguja antes de usarla. O bien bañándola en alcohol para matar todos los microorganismos o bien quemando con un mechero la punta de la aguja. También tendrás que lavarte bien las manos antes de hacer todo esto, para tenerlas lo más limpias posible. Entonces aprieta un poquito la ampolla, para concentrar todo el líquido en una misma parte, y con la aguja pincha en uno de los bordes. Introduce un poquito la punta de aguja hasta que veas que empieza a salir líquido, entonces saca la aguja y con un algodón limpio y empapado en alguna solución desinfectante como alcohol, agua oxigenada o mercromina, limpia todo el líquido que vaya saliendo. Quizás tengas que apretar con los dedos un poco para que salga más cantidad de líquido. Si ves que la ampolla no ha drenado del todo, vuelve a realizar la misma operación, pero esta vez pinchando en un lugar diferente.

Después de hacer esto, lo ideal sería volver a introducir los pies unos cinco o diez minutos en agua con sal (limpia, no uses la misma solución que usaste previamente) para terminar de limpiar la zona.

Esta solución es para las ampollas que salen en los pies, que son las más molestas y las que más duelen. Si te han salido ampollas en cualquier otra parte del cuerpo, puedes sumergir la zona también en agua caliente con sal, dándote un baño, por ejemplo, pero no explotes la ampolla si no es extremadamente necesario. Deja que ella se explote por sí misma.

Y después existen una serie de trucos o remedios naturales que puedes aplicar en la zona afectada, esté donde esté.

Otros remedios naturales.

El primer remedio natural, es el aloe vera. Ya sea extraído directamente de la planta o ya sea comprado en formato crema, el aloe vera es un aliado esencial a la hora de combatir las ampollas. No solo por su efecto refrescante y calmante, que nos procurará un alivio instantáneo del dolor, sino que también sirve para ayudar a la piel a cicatrizar más rápidamente y sin dejar marcas en la piel y para resecar las ampollas, para que estas se puedan explotar por sí mismas. El aloe vera lo podemos echar después de darnos el baño con agua y sal. Lo echaremos con cuidado de no reventar la ampolla y dejaremos que repose la zona durante un buen rato, hasta que la piel haya absorbido todo el aloe vera. Échatelo dos o tres veces al día, aunque no te hagas los baños con sal tantas veces, ya que así acelerarás el proceso de drenaje.

Otro remedio natural que existe y que es muy eficaz para secar las ampollas nos lo da el bicarbonato. Para ello tendremos que crear una especie de crema y untar muy bien las ampollas y la zona de piel afectada. Para hacer esta crema necesitarás unos doscientos mililitros de agua, cuarenta mililitros de agua oxigenada y veinte gramos de bicarbonato. Mezcla los tres ingredientes en un bol, hasta que te quede una mezcla lo más homogénea posible. Cuando lo hayas conseguido, extiende la mezcla encima de la ampolla, haciendo movimientos circulares, para que la piel chupe bien todos los ingredientes. Repite ese paso tres veces al día para curar rápidamente las ampollas.

También el ajo nos puede ayudar a aliviar el dolor producido por las ampollas y el malestar que estas generan. Para ello, basta con picar bien tres ajos. Lo mejor es picarlos en un mortero, para que no queden los trozos cortados, sino aplastados. Después extiende el resultado en una gasa. La intención es la de crear una especie de cataplasma. Después colocaremos la gasa encima de la ampolla y la dejaremos ahí durante unos quince o veinte minutos. Después de este paso no limpies la zona ni la aclares, ni tan siquiera con agua. El ajo tiene propiedades antibióticas, por lo que nos ayudará a evitar que la zona se infecte y que se seque con más rapidez. Este remedio tiene un solo inconveniente: y es precisamente el olor del ajo, ya que hay personas que lo encuentran desagradable.

Pero lo más importante a la hora de curar una ampolla es tener paciencia, pues hay veces que el proceso se alarga unos días. Lo normal es que desaparezcan en dos días o tres, pero hay veces que si la ampolla es muy grande y el periodo de descanso es prácticamente nulo, puede alargarse durante una semana o más. Siguiendo estos pasos, conseguirás que te molesten lo mínimo posible, para que puedas seguir haciendo tu vida normal.

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