Cómo hacer jabón con aceite usado

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Actualmente vivimos muy acelerados. Todos tenemos siempre prisa, mil cosas que hacer, tareas pendientes, el trabajo, la casa, la familia, compaginar todo con las aficiones, las amistades… una locura. Por eso, siempre queremos que todo nos lo den hecho. Cuanto menos tengamos que hacer nosotros, mejor. De ahí que las grandes empresas sepan qué es lo que tienen que ofrecernos para que nosotros seamos felices. Así se inventó la comida ultraprocesada: platos suculentos que vienen en un platito apto para microondas. Así, tú solo tienes que desempaquetar, calentar y listo. Esto mismo ocurre con los cosméticos. Solo hace falta ir a un supermercado para ver que tenemos mil opciones de cada producto con diferentes características. Así que solo tenemos que ir a la estantería, sopesar lo que buscamos y elegir entre todas esas opciones.

Esto está muy bien, sí. Nos facilita la vida una barbaridad, sobre todo cuando no tenemos tiempo para nada. Pero también tiene contraindicaciones. Por ejemplo, si nos alimentamos únicamente de comida ultraprocesada, estamos ingiriendo azúcares, grasas y harinas refinadas por encima de nuestras posibilidades. Lo que se traduce en problemas gravísimos de salud a largo plazo. Lo mismo para con los cosméticos. Si únicamente usamos cosméticos que están cargados de químicos perjudiciales para nuestra piel, solo estaremos consiguiendo generar problemas dermatológicos que pronto sufriremos.

Varias marcas de cosméticos, sobre todo de geles de cuerpo, han empezado a diseñar jabones sin perfumes ni químicos que agredan nuestra piel. Sobre todo se centran en que sean compatibles con el PH natural de nuestra epidermis. Pero esto no es suficiente. Sigue tratándose de productos no naturales que pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Si tu piel está sana, ni te habrás dado cuenta de esto, pero si sufres problemas dermatológicos, ya habrás advertido que, como lo natural no hay absolutamente nada.

Así que aquí viene mi propuesta: dejar de lado todos los jabones que podemos comprar en un supermercado para pasar a hacerlo nosotros mismos.

Ni es tan complicado como parece, ni requiere tanto tiempo como podrías llegar a pensar. Además, es una buena forma de pasar una tarde sin pensar en nada más, por lo que podría ser también una buena terapia anti estrés.

Jabones caseros.

En casa se pueden hacer muchos tipos de jabones. Algunos con una elaboración más compleja que otros. Por ejemplo, para realizar correctamente el jabón de Alepo, tendremos que tener una paciencia infinita, pues la elaboración es costosa y luego no podemos usar las pastillas de jabón resultantes hasta que no hayan pasado, por lo menos, tres meses, aunque lo ideal es que tengan que pasar nueve meses para que el jabón adquiera todas las propiedades que buscamos.

Después podemos encontrarnos con varios tipos de jabones, dependiendo de la composición que lleven. Los más comunes y los más recomendados son el jabón de aceite y el jabón de glicerina.

Hacer jabón de glicerina es algo muy difícil si no se tiene práctica, ya que se trata de una elaboración muy costosa. Por eso, en tiendas especializadas podemos encontrar unas pastillas de glicerina que se usan como base para hacer este jabón. Bastará con derretirlas al baño maría, teniendo mucho cuidado de que no llegue a hervir y después añadirle los aromas naturales o los pigmentos de color que nosotros queramos para darle nuestro toque especial. Si optamos por seguir este proceso y usamos los materiales que ya vienen preparados para hacer el jabón de glicerina, no tardaremos nada en hacer este tipo de jabón y podremos usarlo de inmediato.

En cambio, para hacer jabón de aceite tendremos que tener un poco más de paciencia, ya que se tiene que producir la conocida como “saponificación”, que es básicamente el proceso mediante el cual una sustancia grasa se convierte en jabón al entrar en contacto con un álcali, como el hidróxido de potasio o el hidróxido sódico.

Ahora bien, se pueden hacer jabones de aceite de varias clases, como el jabón de Alepo del que había hablado antes (y que tiene como característica que al aceite de oliva se le tiene que añadir aceite de laurel). Pero hoy vamos a hablar en concreto del jabón de aceite reciclado.

Hacer jabón a partir del aceite usado.

En las casas donde se fríe mucha comida, es una buena opción sopesar el hacer este jabón. Pero, eso sí, el aceite debe ser de oliva. No importa para qué lo hayas usado ni las veces que lo hayas reutilizado. Se trata de reciclarlo y de darle una segunda vida. Aunque hayas frito con él, te servirá perfectamente para este fin. No tengas miedo si tiene posos o si lo ves demasiado sucio. Puede parecer contradictorio, lo de hacer un producto que va a estar destinado a la limpieza con un producto que está esencialmente sucio. Pero no te preocupes, que después de todo el proceso, te quedará un jabón reluciente que podrás usar sin ningún problema.

Ingredientes que necesitarás.

Dicho esto, pasemos a señalar los ingredientes e instrumentos que vas a tener que tener a mano para poder conseguir el resultado buscado.

Lo primero, el aceite usado, por supuesto, que como habíamos dicho debe ser siempre de oliva. También necesitarás agua destilada, para evitar que contenga posos o suciedad. La puedes comprar en cualquier supermercado o sino por internet. Y también necesitas sosa cáustica, que también encontrarás en los supermercados o incluso en droguerías.

En cuanto a los instrumentos, tendrás que tener a mano un peso o una balanza donde medir los ingredientes. Recipientes que sean de un material resistente a la sosa cáustica (como por ejemplo vidrio o acero inoxidable. No pienses en usar un recipiente de aluminio, ya que la sosa lo corroerá. Tampoco ollas esmaltadas o algo de ese tipo, porque puedes dañarlas y dejarlas inutilizadas). También necesitarás guantes y gafas para protegerte en todo momento de los vapores y del contacto de la sosa caustica, que es altamente peligrosa. Por supuesto, materiales para remover las mezclas, un termómetro para comprobar la temperatura del jabón, cuchillos para cortar el jabón una vez que esté hecho y moldes donde meter la mezcla y esperar a que se enfríe. Lo ideal sería usar moldes hechos de silicona, ya que son muy fáciles de desmoldar y nos ayudarán muchísimo en el proceso. Por último, siendo totalmente opcional, puedes hacerte con colorantes naturales o esencias para darle a tu jabón un toque de color o de olor especial. También puedes añadirle semillas para darle textura y personalidad.

Una vez que tengamos todos los ingredientes, ya podemos pasar a elaborar este jabón.

Pieces of natural soap with oil and spyces.

Elaboración del jabón.

Lo primero que tendremos que hacer es filtrar muy bien el aceite. Para ello podemos usar una manga o un colador en el que se queden todos los posos que contenga el aceite. Lo debemos colar muy bien y cuantas veces sea necesario, hasta que veamos que nuestro aceite está libre de cualquier sustancia indeseada. Para esta tarea, quizás calentar previamente el aceite nos ayude, ya que al estar caliente, se filtrará con más facilidad (estará más líquido) y pasará más fácilmente por el colador, dejando todos los residuos atrás.

El siguiente paso es crear la lejía. Esta se consigue mezclando el agua destilada con la sosa caustica. Es importante que eches la sosa caustica al agua, nunca al revés. Esto tiene una sencilla razón: si echas agua a la sosa y la temperatura del agua es muy baja, puedes producir un efecto “volcán”, que supondrá que la sosa salga disparada hacia arriba pudiendo tocarte la piel y dañarte. Recuerda que este paso es muy, muy peligroso. No lleves la piel al aire, intenta ir lo más tapado posible y siempre usando guantes y gafas para proteger tus ojos. En caso de que la sosa o la mezcla que ya se habrá convertido en lejía llegara a tocarte la piel, aplica rápidamente vinagre de manzana o zumo de limón. La acidez de estos productos contrarrestará rápidamente los efectos de la sosa. Aun así, acude a un médico si esto llegara a pasar, ya que los efectos son muy peligrosos.

Las proporciones de agua y sosa caustica dependerán básicamente de las proporciones de aceite que uses. Pero pongamos que estás trabajando con medio litro de aceite usado. Si es así, la cantidad de agua serán 168 gramos y 68 de sosa caustica.

Una vez que tenemos la lejía, la tenemos que echar en el aceite, que habremos puesto en un recipiente apto, como los que he mencionado anteriormente. Entonces tendremos que empezar a batir con cuidado de que la mezcla no salpique. Se puede hacer con una batidora eléctrica o bien con una varilla y dándole vueltas enérgicamente. Tenemos que conseguir que la textura de la mezcla se deshaga en hebras, como si estuviera formada por hilos. Cuando ya tengamos esta textura, tendremos que echar la mezcla en el molde definitivo, preferiblemente de silicona. Ahora es el momento de añadirle nuestro toque personal, como añadir algún colorante natural para darle color o quizás alguna semilla para darle textura. Esto último solo se podrá hacer si el jabón va a ser utilizado para el cuerpo y no para lavar la ropa o el suelo, ya que conseguiremos el efecto contrario al que deseamos. Una vez que está esta mezcla en su molde de silicona, lo que deberemos hacer es tapar el recipiente con toallas viejas o trapos. Así intentaremos que el enfriamiento de la mezcla sea lo más lento posible, lo que le dará el punto perfecto a nuestro jabón.

Así deberá estar veinticuatro horas por lo menos. Pasado este tiempo, podremos desmoldar el jabón, que ya estará duro y cortarlo en pastillas con un cuchillo muy afilado. Entonces podremos envolverlo en algún papel bonito o decorarlo con cuerdas y hojas naturales que queden bonitas. Este será un regalo precioso para cualquier ocasión que le encantará a todo el mundo.

Una vez que lo tengamos cortado, es necesario que pasen cuatro meses antes de poder usarlo. Este es el tiempo necesario que tiene que pasar para que la sosa caustica deje de ser lesiva para nuestro cuerpo. Una vez que se produce la saponificación completa y la sosa ha perdido sus facultades corrosivas, podremos usar el jabón sin ningún tipo de problema.

Lo podrás usar para uso personal, ya sea para lavarte el cuerpo, el pelo, la cara o las manos. Ten una pastillita de este jabón dentro de la ducha y también en el lavabo. Lo usarás cada día más, te lo aseguro. Descubrirás que es muy bueno para muchas cosas, como por ejemplo para combatir el acné. Y si lo quieres para lavar la ropa, basta con rallarlo en hebras y añadirlo a la lavadora para lavar tu ropa sin ningún tipo de componente corrosivo para tu cuerpo. También lo puedes usar como detergente, deshaciendo esas mismas hebras en un poco de agua caliente. Así, no tendrás que comprar productos para fregar los suelos. También lo puedes usar para limpiar los platos, por ejemplo, o las encimeras.

Con estos sencillos pasos, que deberás realizar cuando no tengas prisa y puedas dedicarte por entero a ello, conseguirás tener un jabón natural proveniente de aceite reciclado y totalmente hipoalergénico y beneficioso para cualquier tipo de piel.

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