Cómo funciona el corazón

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El corazón es la parte fundamental del sistema circulación, que se compone además de las venas, vasos capilares, arterias y sangre. El sistema circulatorio es el encargado de repartir la sangre por todos los rincones de nuestro cuerpo. Esto es imprescindible ya que la sangre porta glóbulos rojos, que son los que llevan dentro el oxígeno recogido en los pulmones. Ese oxígeno es imprescindible que llegue a todas las células de nuestro cuerpo, ya que las mitocondrias lo necesitan para convertirlo en energía. Sin estas mitocondrias no podríamos vivir, por lo que es imprescindible que el sistema circulatorio haga bien su trabajo.

Ahora bien, lo que nos interesa saber en concreto es cómo funciona el corazón. Cómo consigue bombear toda esa cantidad de sangre con la fuerza suficiente como para que llegue a todas las partes de nuestro organismo. Tenemos que tener en cuenta que un adulto tiene en total una media de cinco o seis litros de sangre. Esto puede suponer que la sangre que tenemos represente más de un siete por ciento de nuestro peso total. Y eso no es poco. Y si además contamos con el tamaño tan pequeño que tiene el corazón humano en comparación con el resto de músculos… parece un milagro. El corazón suele pesar unos doscientos cincuenta gramos en las mujeres y unos veinticinco gramos más en los hombres, teniendo una altura media de unos doce centímetros y una anchura de nueve. Teniendo en cuenta que los dos pulmones juntos superan el kilo, podemos hacernos una idea de lo potente que tiene que ser el corazón para poder hacer bien su trabajo.

Estructura del corazón.

Aunque, como decía, el corazón es un músculo muy pequeño, su composición es muy compleja.

Lo primero que hay que observar es que tiene tres especies de “capas”: la exterior, que es el pericardio, que tiene la función de envolver el músculo para protegerlo. La intermedia, el miocardio, que es el músculo que se contrae para impulsar la sangre. Y, la interior, el endocardio, que es otra capa que envuelve el corazón, pero esta vez por dentro.

En su interior, podría parecer que el órgano está dividido en cuatro partes: las dos superiores serían las aurículas (derecha e izquierda) y las dos inferiores, los ventrículos (también derecho e izquierdo). Estas cuatro partes, por llamarlas de alguna manera, están unidas por cuatro válvulas, que se abren y se cierran para dejar pasar la sangre con más facilidad y cuando sea necesario. La válvula aorta separaría el ventrículo izquierdo de la arteria aorta, la válvula mitral separaría las dos aurículas una de otra, la válvula pulmonar separaría el ventrículo derecho de la arteria pulmonar y, por último la válvula tricúspide separaría la aurícula derecha del el ventrículo derecho.

Recorrido que hace la sangre.

Una vez tengamos claro este esquema, podemos pasar entonces a analizar el recorrido que hace la sangre.

La sangre entra en el corazón a través de las venas. Pasan por las aurículas, se dirigen hacia los ventrículos y estos la empujan de nuevo para salir otra vez del corazón, pero esta vez a través de las arterias.

La sangre se empieza a transportar a través de las arterias que se encuentran en todo el cuerpo, dejando los nutrientes y oxígeno en todas las células que encuentra a su paso, alimentándolas y dándole los aportes necesarios para que en su interior se realice la respiración mitocondrial. Luego, las venas recogerán todos los deshechos que se produce en parte de nuestro cuerpo, como podría ser el dióxido de carbono, producido en la respiración mitocondrial y que es perjudicial para nuestro organismo, los llevarán de vuelta a los pulmones para que sean expulsados y esa sangre vuelve al corazón a través de las venas. Como vemos, es un circuito completamente cerrado por el que no se escapa ni una gota de sangre. Y, por supuesto, es unidireccional, toda la sangre hace siempre el mismo recorrido yendo en la misma dirección.

Para que toda la sangre de la que hablamos haga ese recorrido tan extenso, tendrá que ir a muchísima velocidad, para que le dé tiempo a llegar a todas las células. Si las células se quedan sin oxígeno durante un determinado tiempo, pueden llegar a morir. Así que el corazón tiene que usar los ventrículos para bombear lo más rápidamente posible la sangre y así hacer que llegue a todos los rincones de nuestro cuerpo. De media, en estado de reposo, nuestro corazón late unas ochenta veces por minuto, aunque este ritmo varía en cada persona. Las mujeres suelen tener un veinte por ciento más de pulsaciones por minuto que los hombres. Haciendo ejercicio, nuestro cuerpo consume muchísima más energía que en reposo y las mitocondrias necesitan más oxígeno para hacer la respiración mitocondrial, así que las pulsaciones por minuto pueden verse incrementadas hasta las ciento ochenta o incluso ciento noventa y cinco si se es mujer.

Funcionamiento incorrecto del corazón.

Pero hay diversos factores que hacen que nuestro corazón no funcione bien. Una de las cosas que nos pueden pasar y que es más frecuente de lo que pensamos, es que tengamos taquicardias. Estas se producen cuando, estando en estado de reposo, nuestras pulsaciones se aceleran a más de cien por minuto, llegando en algunos casos a tener más de cuatro veces las pulsaciones normales que cualquier persona sana debería tener.

Infarto de miocardio.

El tener un corazón que no está sano puede llevarnos a problemas más graves, como por ejemplo a tener un infarto de miocardio. Este se da cuando no llega la suficiente cantidad de sangre al corazón porque alguna arteria está obstruida. La causa más común es la acumulación de colesterol en las arterias por llevar una mala alimentación rica en grasas saturadas, ingerir mucho alcohol o incluso fumar. Si no se coge a tiempo, este infarto de miocardio puede llevar a la necrosis de una parte del corazón. La necrosis se produce cuando alguna parte de nuestro cuerpo no tiene el suficiente oxígeno como para funcionar con normalidad. Esta es la enfermedad cardiovascular más común en nuestra sociedad, ya que los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo que últimamente forman parte de nuestras vidas, ha llevado a que mucha parte de la población tenga las arterias obstruidas.

Cardiopatía isquémica.

Otra de las enfermedades cardiovasculares más comunes es una producida por la arterioesclerosis de las arterias coronarias, conocida como la cardiopatía isquémica. Estas arterias tienen la importantísima función de llevar la sangre hasta el músculo cardiaco. Su causa es muy parecida a la anterior, la acumulación de grasa o colágeno en las arterias coronarias, haciendo que estas se estrechen hasta llegar al punto de impedir el paso de la sangre al miocardio. Dependiendo de cómo sea esta cardiopatía, podremos hablar de una angina de pecho estable o un infarto agudo de miocardio. Las personas mayores tienen más probabilidades de sufrir este tipo de infarto, al igual que lo hombres, que son más propensos a padecerlo que las mujeres. Por supuesto, el haber tenido familiares que hayan sufrido esta enfermedad, será un punto muy a tener en cuenta. Al igual que el tener el colesterol alto, ya que significa que la grasa se está acumulando peligrosamente en las arterias, impidiendo el paso correcto de la sangre. La obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo o la hipertensión arterial son otros de los factores de riesgo que pueden llevarnos a tener esta enfermedad.

Insuficiencia cadiaca.

Otra de las enfermedades del corazón que podemos padecer es una insuficiencia cardiaca. Esta tiene que ver con la capacidad de bombeo del músculo. Como decíamos al principio del artículo, las personas necesitamos que el corazón bombee más o menos unas ochenta veces por minuto, pero es posible que, al hacer deporte o al estar en un estado de excitación o alteración, nuestras células necesiten más oxígeno que el que reciben normalmente. Ante esta petición, el corazón responde palpitando más y más deprisa para hacer llegar la mayor cantidad de oxígeno. Pues bien, la insuficiencia cardiaca se da cuando el corazón no es capaz de bombear al ritmo que nuestro cuerpo le pide, de manera que no llega el suficiente oxígeno a las células creando un grave problema. Los síntomas son simples: cansancio repentino, dificultad para respirar o sensación de ahogo. También suele ir acompañado de una pérdida del apetito, tos seca, mareo, mente en blanco, sensación de confusión o disminución de la cantidad de orina y, por tanto, retención de líquidos. Todo esto dependiendo de a qué órganos está afectando la falta de oxígeno. Normalmente esta cardiopatía se da cuando las arterias coronarias, que son las que llevan la sangre directamente al miocardio, sufren una estrechez, haciendo que se reduzca la cantidad de sangre que llega hasta el corazón. Esta cardiopatía puede surgir de manera lenta, progresiva, de manera que el paciente lo vaya notando poco a poco. O puede ser porque se forme un trombo, un coágulo en la propia arteria y que, de forma repentina, se impida el paso del oxígeno. Si lo que ocurre es esto, que un coágulo ha tamponado la arteria coronaria, estaremos hablando del infarto propiamente dicho. Dependiendo de cuál sea la causa que origina esta cardiopatía, el tratamiento será uno u otro. Normalmente será un bypass cuando se trate de falta de riego, pero también puede tratarse de una revascularización con angioplastia o incluso prohibir la ingesta de alcohol si la cardiopatía se ha originado por alcoholismo. Como en todas las enfermedades de este tipo, se recomienda bajar los niveles de colesterol, si estos son altos, dejar de fumar, hacer ejercicio regularmente, evitar el alcohol y el estrés y bajar de peso si estamos por encima del adecuado para nosotros.

Muerte súbita.

Por último hablemos de la muerte súbita. También es una de las enfermedades más normales que sufre el corazón. Supone la parada repentina del músculo, en una persona que está sana y que no tiene ningún síntoma que puede hacer pensar que sufre una cardiopatía. Es una parada del corazón que impide la llegada de oxígeno a cualquier parte del cuerpo. Normalmente viene causada por la fibrilación ventricular, que es un tipo de arritmia cardiaca —cuando el corazón bombea más deprisa o más despacio de lo que debería bombear en un estado normal—. Este tipo de arritmia supone que el corazón, ese músculo tan perfecto que tiene una forma de trabajar extremadamente mecánica, pierde esa capacidad de latir al compás. Ante ese fallo, podríamos decir técnico, el corazón para repentinamente, dejando de latir y, por lo tanto, haciendo que todas las células mueran por necrosis, por falta de riego, lo que conlleva una falta de oxígeno. Si se coge a tiempo, se puede revertir el efecto con una reanimación cardiopulmonar. Normalmente presentan pocos síntomas: pérdida repentina del conocimiento, haciendo que el paciente caiga al suelo, pérdida del color de la piel. Los ojos pueden estar abiertos o cerrados. Pero el síntoma más identificativo, es que el paciente deja de respirar. El único tratamiento que tiene es la desfibrilación, pero esta tiene que ser inmediata, pues sino puede suponer la muerte del paciente.

Como vemos, el funcionamiento del corazón es interesantísimo y mucho más complejo de lo que podríamos pensar en un primer momento. Espero que después de leer este artículo, comiences a darle la importancia que se merece, cuidándolo como deberías y apreciando todo el esfuerzo que, día a día, hace por ti.

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