Ataques de Ansiedad: Síntomas y Que hacer

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La ansiedad es una emoción que todos hemos llegado a experimentar en determinados momentos de nuestra vida, ya sea por un espacio prolongado de tiempo o por la vivencia de una situación concreta.

Esta emoción surge como respuesta a una situación que resulta amenazante para nuestro bienestar. Muchas veces, la ansiedad surge cuando preveemos que esa situación peligrosa va a ocurrir, como un anticipo que pone al organismo en alerta para concederle tiempo a escapar antes de que se produzca el peligro.

A pesar de la connotación negativa que suele tener el término en el sistema actual, la ansiedad puede ser positiva si se da en intensidad moderada. Puede salvar nuestra supervivencia ante situaciones objetivamente amenazantes. Un buen ejemplo de ello podría ser la ansiedad que nos impulsa a escapar de un atracador que pone en peligro nuestra vida.

No obstante, actualmente, la ansiedad es un problema que acarrea consecuencias negativas para la persona que lo padece, por dos razones principales. La primera de ellas, se da en situaciones en las que nuestra supervivencia no peligra realmente, por lo que el nivel de ansiedad no corresponde con el peligro real que supone la situación que la desencadena. La segunda, la intensidad de la emoción es muy alta, por lo que la mente no puede gestionarla correctamente, convirtiéndola en un problema psicológico para quien la experimenta.

Que son los ataques de ansiedad

Los ataques de ansiedad, también llamados crisis de ansiedad o ataques de pánico, pueden ser experimentados por cualquier persona, de cualquier edad y religión.

Características de los ataques de ansiedad

  • Podemos sufrir un ataque de ansiedad aunque nunca antes hayamos sufrido ningún tipo de ansiedad, ya sea prolongada o puntual.
  • Es muy difícil de controlar.
  • Puede aparecer sin razón aparente. Esto hace que resulte imposible conocer que factores o situaciones pueden desencadenarla. Esto, a su vez, resulta muy angustiante para las personas que han padecido ataques de ansiedad, pues no tienen manera de saber cuando les puede volver a suceder.
  • Las personas que lo experimentan sienten un miedo irracional a estar en peligro y no ser rescatados por nadie. Muchas veces no existe una situación de peligro real ni ellos mismos saben que peligro pueden experimentar.
  • Su duración es corta. No sobrepasan los 20 minutos. El nivel de ansiedad va subiendo poco a poco, hasta experimentar sus cotas más altas a los 10 minutos de iniciarse. Tras ello, baja poco a poco hasta desaparecer notoriamente. A pesar de su corta duración, la persona que lo padece cree haber estado en ese estado durante un tiempo muy prolongado.
  • La sensación de estar sufriendo un ataque de ansiedad es muy incapacitante para la persona que lo sufre. Experimenta sensaciones de estar muriéndose de la angustia y del ahogo que está experimentando. Estas sensaciones son subjetivas, pues no supone un peligro real.
  • Tras el episodio, la persona dice haber estado fuera de su «yo», pues entre las sensaciones que se experimentan se encuentran la despersonalización. Una vez ha pasado el episodio, lo recuerda como una percepción de irrealidad.
  • No siempre es fácil saber que la persona ha experimentado un ataque de ansiedad, debido a que los síntomas pueden ser muy dispares.
  • Haber sufrido un ataque de ansiedad no da garantías de volver a sufrirlo. No obstante, si que es posible que vuelva a darse en un futuro.

Síntomas de los ataques de ansiedad

Los síntomas corresponden a dos categorías; físicos y psicológicos.

Síntomas físicos

A nivel fisiológico, se pueden experimentar los siguientes síntomas:

  • Hipertensión y palpitaciones: Los latidos del corazón se disparan como respuesta a la situación amenazante que lo provoca, aunque la persona no sepa describir con claridad que situación es. Las palpitaciones dan la sensación de que el corazón se va a parar de un momento a otro, pudiendo producirse una muerte repentina en ese mismo momento.
  • Piel pálida: Debido al supuesto peligro que detecta la persona, la sangre empieza a desviarse a los músculos, para obtener una mayor respuesta a la actividad de huida. Por ello mismo, es posible sentir hormigueo en los dedos de las manos y los pies.
  • Aumento de la temperatura corporal y sudoración. Están provocados por la subida de adrenalina que supone tener la necesidad de escapar de un momento a otro.
  • Hiperventilación: La respiración se vuelve rápida y entrecortada.
  • Temblor y escalofríos en los miembros inferiores y superiores. Esto es causado por la respuesta de terror a la situación desencadenante.
  • Dolor corporal (de pecho, brazos, piernas, abdomen): El miedo que produce la situación imaginaria provoca un nivel de estrés tan alto que puede llegar a bloquear los músculos, causando dolor en diferentes zonas del cuerpo. Esta sensación es todavía más estresante, porque la persona cree no poder huir debido al bloqueo corporal.
  • Por contra, puede causar hiperactividad, como respuesta a la necesidad de una inminente huida.
  • Sequedad de boca: Ante una situación así, los fluidos se desvían a zonas donde se necesita energía para emprender la huida. Esta sequedad provoca una incomodidad añadida.
  • Dolor de cabeza: Aparece mientras se está dando el ataque. Es posible que persista una vez pasado.

Síntomas psicológicos

A nivel psicológico, se pueden experimentar los siguientes síntomas:

  • Sensación de despersonalización: La persona tiene la sensación de no ser ella misma mientras ocurre el ataque. Una vez pasado el ataque, no se reconoce a si misma al recordarlo.
  • Sensación de pérdida de realidad: La persona lo recuerda como un pensamiento fantasioso o sueño, le cuesta entender que ha sucedido realmente. En parte, esta sensación está provocada por la dificultad en saber qué ha sido la situación desencadenante y el peligro del que intentaba huir.
  • Sensación de dificultad para respirar: La persona cree firmemente que se ahoga, pues cree no poder respirar. Este síntoma es psicológico porque no ocurre realmente; la persona tiene capacidad para respirar de manera adecuada, aunque en el momento del ataque se encuentre hiperventilando.
  • Temor psicológico a morir, enfermar y perder el control. La persona experimenta estos temores como temores completamente reales.
  • Puede llegar a experimentar pensamientos suicidas: Fruto de no saber gestionar todo este torrente de emociones.

Consecuencias de los ataques de ansiedad

Las consecuencias pueden ser muy variables y dispares, entre ellas son frecuentes:

  • Pesadillas: Sueños en los que se revive el ataque sufrido.
  • Miedo a que ocurra un nuevo ataque sin un desencadenante que ayude a preparar la mente. Este miedo puede afectar al día a día de la persona, haciéndole perder el interés por realizar actividades y salir a la calle, lo que a su vez puede desencadenar en otros problemas psicológicos, como agorafobia.

Si las consecuencias son incapacitantes para la persona, es recomendable visitar a un profesional.

Que hacer ante un ataque de ansiedad

Si experimentamos ansiedad de manera repentina sin causa aparente, podemos llevar a cabo estos consejos:

  • Distraer la mente con pensamientos agradables. De esta manera, se desvía la atención de los síntomas de ansiedad que se empiezan a producir.
  • Dirigirse a un espacio grande, libre de muebles u objetos peligrosos.
  • Respirar profundamente, en tandas de 10 respiraciones.
  • Pedir ayuda a personas que se encuentren cerca. Si estamos solos, podemos contactar con amigos y familiares por teléfono.
  • Acudir al centro de salud más cercano o realizar una llamada.

Si somos testigos de un ataque de ansiedad, podemos llevar a cabo estos consejos:

  • Dirigirse a la persona que lo está sufriendo de manera tranquila y relajada. Acudir rápido, hablar fuerte o mostrarse preocupado puede agravar el ataque, pues refuerza su sensación de peligro.
  • Eliminar cualquier objeto con el que pueda lastimarse, ya sea de manera voluntaria o involuntaria. Es importante resaltar que la persona puede tener ideas suicidas y puede aprovechar ventanas abiertas u objetos punzantes para llevar a cabo sus deseos.
  • Intentar conversar con la persona de temas neutros o que nada tengan que ver con su estado, para desviar su atención del peligro que cree estar viviendo.
  • Animar a la persona a respirar de manera profunda y pausada, realizando, si es posible, respiraciones abdominales.
  • Pautar ejercicios de relajación. Pueden ser útiles técnicas de relajación específicas, como la Relajación Progresiva de Jacobson.
  • Contactar con personal sanitario y seguir sus indicaciones.

Conclusiones

Los ataques de ansiedad pueden producirse en cualquier persona, ante cualquier situación o sin situación conocida aparente.

Se describe como una emoción muy intensa en la que la persona cree peligrar su vida. Se experimenta sensación de ahogo, hiperventilación, taquicardia y mucho nerviosismo, entre otros síntomas. Debido a ello, la persona puede tener pensamientos suicidas y querer llevarlos a cabo, por lo que los objetos del entorno pueden ser determinantes en sus acciones. La duración es corta, pero a la persona le suele parecer muy larga.

Existen algunos consejos y remedios para evitar la ansiedad. Algunos de ellos son el redireccionamiento de pensamientos, respiración profunda y pausada y pedir ayuda. Todos ellos pueden marcar la diferencia a la hora de evitar el desencadenamiento del ataque. Si el ataque le ocurre a otra persona, debemos tratar de transmitir tranquilidad y desviar su atención de los síntomas ansiosos. Además, debemos consultar a un profesional cómo podemos ayudar de la mejor manera posible.

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