Cómo curar empacho

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Nuestro sistema digestivo es una máquina muy precisa y muy compleja. Trabaja casi las veinticuatro horas del día, procesando todos los alimentos que ingerimos a lo largo del día. Mucha gente sabe la importancia que tiene el cuidar el aparato digestivo, ya que es imprescindible para el correcto funcionamiento del resto del cuerpo, pero hay otras personas que piensan que tenemos un sistema digestivo muy poderoso e irrompible y lo tratan sin cuidado y de cualquier manera.

El sistema digestivo sufre las consecuencias de no llevar un tipo de vida adecuado, al igual que todas las demás partes de nuestro cuerpo. No solo se ve afectado por lo que ingerimos, sino que nuestro estado de ánimo, por ejemplo también puede influir en su correcto funcionamiento. Así, es muy normal escuchar a personas de nuestro alrededor quejarse de dolor de tripa porque tienen nervios por algo determinado. Es lo que comúnmente se llama “tener los nervios agarrados a la tripa”. Y eso demuestra lo sensible que puede llegar a ser nuestro sistema digestivo. También lo podemos notar cuando vamos de viaje o comemos en un sitio diferente al habitual. Un cambio en los ingredientes o en la forma de cocinar, puede afectar gravemente a su correcto funcionamiento.

Así que no es de extrañar que en determinadas épocas, como en Navidad, en las que comemos muchísima cantidad de comida, más que lo que sería habitual en nosotros, nuestro estómago se resienta y acabe dándonos muchos problemas. Lo más normal es que la mayoría de las personas sientan síntomas como ardor de estómago o reflujo, que es esa sensación de malestar en la que nos sentimos pesados y con el estómago como revuelto. Al final es una sensación general de malestar que puede llegar a producir náuseas.

Pero si de verdad hemos comido muchísimo, más de lo que nuestro cuerpo y en concreto nuestro estómago puede soportar, estaremos hablando de un empacho.

Este se produce cuando el intestino, en concreto el delgado, se inflama. Hay que tener en cuenta que esto no solo ocurre cuando comemos muchísima cantidad de comida, sino que también puede ser que pase cuando comemos algún alimento que está en mal estado, lo que se conoce comúnmente como “indigestión”.

Síntomas del empacho

Los síntomas de este empacho son variados. Pero lo más normal es sufrir una sensación como de estar lleno. Ver la comida y sentir rechazo hacia ella. También puede ser que tengamos vómitos y diarrea. Náuseas y gases. Y quizás también una sensación como de flojera, como que estamos muy cansados y no podemos hacernos nada, ni siquiera levantarnos.

Qué hacer si tienes empacho.

Cuando nos encontremos en esta situación, lo mejor es mantener la calma y pensar fríamente. Para ello, hoy os traigo una serie de consejos que podéis llevar a cabo cuando estéis sufriendo un empacho para que, en poco tiempo, os sintáis muchísimo mejor. Estos métodos, completamente naturales, pueden utilizarse en adultos pero también en niños. Y no sufren ningún tipo de contraindicación. Al final, lo que se busca con estos remedios caseros, es que nuestro intestino delgado se desinflame un poco y dejemos atrás esa sensación de tener el estómago completamente lleno para poder volver a comer con normalidad.

Infusión de jengibre.

El primer método es tomar una infusión de jengibre. Si bien no es de las más recomendadas, porque lo normal no es tener esta raíz en casa. Si se tiene o alguien puede ir a comprarla rápidamente, lo que tendremos que hacer es hervir una taza de agua y añadir unas ralladuras de jengibre en ella. Esta raíz es buenísima para curar todo tipo de dolencias estomacales. Desde náuseas o vómitos hasta úlceras. Aunque hay que decir que la gente no es muy propensa a tomar esa infusión, por el sabor que tiene el jengibre, que no a todo el mundo le gusta. Si de verdad no consigues tomarte una taza de esta infusión porque el sabor no te gusta en absoluto, debes saber que también puedes encontrar el jengibre en extracto, en cápsulas, para que no tengas que degustar su sabor. Pero esto conlleva tener que ir a un herbolario o tienda especializada donde lo vendan. Si eres una persona que suele padecer este tipo de dolencia muy a menudo, la mejor idea sería tener en casa siempre un bote de estas pastillas preparado para tomarlo en cuanto sea necesario.

Infusión de menta.

Otro de los mejores métodos que existen para aliviar el malestar producido por un empacho, es tomarse una infusión de menta. Se sabe que desde hace miles de años, la hierba de la menta es usada frecuentemente para tratar todo tipo de dolencias estomacales. Si queremos calmar el empacho, bastará con tomar dos infusiones de menta al día. Su preparación es muy sencilla. Si dispones de la planta en casa o en el jardín, basta con coger unas hojas y echarlas en una taza de agua que esté hirviendo. Si no tienes la planta, en cualquier supermercado puedes comprar los sobrecitos que ya vienen con la hierba seca y cortada para que solo tengas que introducir el sobre en el agua. Basta con que lo dejes reposar cinco minutos y ya la puedes tomar. A diferencia de la infusión de jengibre, la infusión de menta tiene un sabor muy agradable.

Bicarbonato.

Si los anteriores remedios no funcionan, siempre puedes acudir al bicarbonato. Basta con echar una cucharada pequeña de bicarbonato en un vaso templado de agua. Será mucho más efectivo si además le echas el jugo de medio limón. Es tan efectivo porque reduce los jugos del estómago, neutralizándolos, por lo que este remedio también es muy bueno para el ardor de estómago y, sobre todo, para los gases.

Manzanilla.

Por supuesto, no nos podemos olvidar de la manzanilla. Las infusiones de manzanilla también son altamente reconocidas por sus beneficios para el estómago.

Su función más importante es la de hacer vomitar cuando el cuerpo lo necesita y no encontramos la fuerza para hacerlo. Así que nos puede ayudar en los procesos de empacho a limpiar nuestro cuerpo. Para hacer la infusión podemos usar las que ya vienen preparadas en bolsitas, con la hierba seca y cortada, que también podemos encontrar en todos los supermercados de todas las ciudades, o bien hervir directamente la manzanilla en agua. Esta segunda opción tiene dos desventajas: la primera es que no en todas las zonas está permitido coger la manzanilla del campo. Hay lugares en los que está muy prohibido bajo sanción administrativa, así que es muy difícil hacerse con la hierba natural como tal. Y la segunda desventaja es que el sabor de esta segunda infusión es muchísimo más fuerte que la de la infusión que se hace con las bolsitas, un sabor que no a todo el mundo agrada y que puede producir rechazo. Eso sí, la efectividad de una y otra infusión no tiene nada que ver, ya que la manzanilla cogida en el campo es muchísimo más efectiva que la que podemos comprar en un supermercado. Aun así, ambas son buenas opciones.

Canela.

Si ninguna de estas alternativas nos convence, siempre podemos recurrir a la canela, con un sabor muy peculiar y que a muchas personas gusta. Su elaboración es muy sencilla ya que solo necesitamos una taza de agua hirviendo y un par de cucharadas de canela. Cuando hayan pasado cinco minutos desde que echamos la canela en el agua, podemos colarla para que no queden demasiados posos, ya que esa es la única pega que tiene esta infusión. La canela es muy buena para todas las dolencias estomacales ya que es muy antiséptica y calmante.

Alcachofa.

También la alcachofa es muy buena para desinflamar el intestino o para aliviar la hinchazón general que sentimos cuando tenemos un empacho. Lo más eficaz para esto es hervir las hojas exteriores de la alcachofa y bebernos el líquido restante. Con dos vasos al día debe ser suficiente. Sino, en el herbolario y en algunos supermercados podemos encontrar extracto de alcachofa, que viene preparado en cápsulas para que solo tengamos que tragar la pastilla. Es mucho más cómodo e igualmente eficaz que la otra alternativa.

Vinagre de manzana.

El vinagre de manzana tiene decenas de beneficios reconocidos por la ciencia, pero uno de ellos es que ayuda a aliviar las dolencias de nuestro estómago. Si tenemos empacho, bastará con beber antes de cada comida un vaso de agua, que habremos calentado un poco previamente, con un chorro de vinagre de manzana. También es muy bueno si se toma por las mañanas en ayunas, cuando todavía no hemos ingerido ningún tipo de alimento, ya que nos ayuda a limpiar el estómago y a prepararlo para el día que nos viene encima. Esto último se puede hacer normalmente, aunque no se sufra de empachos, ya que no es necesario tener ninguna dolencia de estómago para hacerlo.

Semillas de hinojo.

Otro de los remedios naturales más eficaces que hay para aliviar los síntomas del empacho, es tomar semillas de hinojo. Estas las podrás encontrar en tiendas especializadas como por ejemplo herbolarios. De las opciones que he dicho, quizás esta sea la más cómoda, si disponemos de un herbolario cercano donde comprar estas semillas. Es la más cómoda y la más sencilla porque simplemente basta con meternos una cucharada pequeña de semillas de hinojo en la boca y masticarlas. No hace falta hervir agua ni esperar a que repose ni nada de eso. Basta con masticas unas pocas y enseguida empezaremos a notar los efectos.

Semillas de cilantro.

Si te gustan las semillas, también las semillas de cilantro son muy efectivas. Estas las tendrás que echar en un vasito de leche y tomar esta mezcla dos veces al día. Las semillas de cilantro son más difíciles de encontrar que las de hinojo, así que ahí depende de la disponibilidad que tengan en el herbolario. También dependerá la elección de la preferencia del sabor. Las de cilantro tienen un sabor muchísimo más fuerte que las de hinojo, por eso tomarlas en leche es una buena idea, ya que reduce mucho su sabor.

No olvides tener en cuenta:

Todos estos remedios son naturales y altamente recomendables, pero si el malestar dura más de dos días o sientes que los síntomas empeoran o que son demasiado fuertes y dolorosos (aunque no hayan pasado ni dos días), deberás ir a tu médico cuanto antes ya que lo más posible es que necesites un lavado de estómago o algo así.

Pero lo más importante de todo es prevenir esos empachos. Lo primero, no comiendo en abundancia ni comiendo más de lo que nosotros solemos comer. Nada de comidas copiosas o que no entran normalmente en nuestra dieta. También es importante comer despacio y masticar muy bien todo lo que ingerimos, así le estamos ahorrando trabajo al estómago y, lo más importante, la sensación de saciedad llegará mucho antes que si comemos deprisa, por lo que la cantidad ingerida será mucho menor y las probabilidades de sufrir un empacho será mínimas.

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