Trucos para no comerse las uñas

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Comerse las uñas es un mal hábito también conocido como onicofagia, el cual se presenta mayormente en la infancia; edad en la que nos surge la necesidad imperiosa de llevarnos los dedos a la boca. Durante esta etapa no tiene implicacines importantes, pues es algo que irá desapareciendo con el tiempo; pero, si no se corrige durante la niñez, es posible que se vuelva un hábito arraigado en nuestra vida como adultos, convirtiéndolo así en una costumbre muy difícil de erradicar. 

¿POR  QUÉ NOS COMEMOS LAS UÑAS? 

La onicofagia está estrechamente relacionada con nuestras emociones, generalmente las negativas. Es por ello que las personas que sufren de este trastorno, al sentirse nerviosos, tristes o disgustados; tendrán la necesidad de llevarse las uñas a la boca de manera inconsciente. Se conocen tres razones básicas que producen este mal hábito.

Ansiedad:

La ansiedad es un factor asociado frecuentemente a la onicofagia, ya que se trata de un hábito inconsciente e impulsivo que permite a la persona calmar las emociones negativas producidas por un estado de desequilibrio emocional. La boca, es una de las áreas del cuerpo con mayor cantidad de terminales nerviosas, por lo que no es difícil entender de qué manera llevarse las manos a ella puede llegar a producir una sensación de calma en el sistema nervioso. Éste habito genera una sensación de control al individuo. Irónicamente, es una práctica que suele salirse de control cuando se trata de manejar los efectos de la ansiedad.

Traumas infantiles:

Como ya hemos mencionado anteriormente, el hábito de comerse las uñas aparece inicialmente durante la niñez y se va atenuando con el tiempo; en la mayoría de los casos, hasta desaparecer. Sin embargo, factores emocionales intensos como traumas sufridos durante esta etapa temprana, pueden arraigar el hábito impidiendo que este desaparezca en la madurez. Estos traumas pueden surgir de diferentes eventos importantes que afectan de manera negativa al individuo, estos pueden ser divorcio de los padres, accidentes, muerte de algún familiar, fracaso académico u otros motivos.

Inseguridad:

Llevarse las manos a la boca, es un aspecto tan básico para el ser humano que con ello cumple una de las más importantes funciones fundamentales de la supervivencia, que es alimentarse. Con tan sólo ejercer ese simple movimiento, estamos ocasionando en nuestra mente una sensación de control y seguridad. Por esta razón, de manera inconsciente podemos procurar sentirnos más relajados a través de la acción de mordernos las uñas cuando nos sentimos inseguros por algún motivo. La inseguridad puede estar estrechamente relacionada con la ansiedad, sin embargo, no siempre de la misma manera, ya que una persona que es ansiosa puede desarrollar inseguridad en varios aspectos de su vida; mientras que una persona puede manifestar ansiedad al sentirse inseguro de algún evento. Es decir, a veces uno es consecuencia del otro y a veces es al contrario.

 

IMPLICACIONES  NEGATIVAS DE COMERSE LAS UÑAS

Si bien, este mal hábito no es necesariamente peligroso para la salud, no significa que no pueda producirnos algunos problemas. Las implicaciones negativas que surgen como resultado de la onicofagia van desde lo físico hasta lo emocional y social.

 

Enfermedades:

La práctica de comerse las uñas implica llevarse las manos a la boca de forma constante. A menos que se mantenga una higiene adecuada; es decir, que la persona lave sus manos ya sea con agua o aplicando gel antibacterial segundos antes de comerse las uñas, todas las bacterias que estuvieron en contacto con la superficie de sus dedos irán a parar muy pronto a su organismo a través de la boca. Tomando en cuenta que la onicofagia es prácticamente impulsiva, es virtualmente imposible que la persona que la padece logre estar libre de este riesgo; por lo tanto, incrementa la posibilidad de sufrir una variedad de enfermedades.

Lesiones:

Cuando masticamos y arrancamos parte de nuestras uñas, cabe la posibilidad de que se deje expuesta la zona interna; y esta zona es absolutamente sensible y proclive a lesiones. La carne que se encuentra en torno a nuestras uñas, también puede arrancarse de manera inconsciente, produciendo heridas cutáneas leves. Estás lesiones por sí solas no representan ningún riesgo. El problema es cuando los dedos tienen contactos con las diferentes bacterias que se encuentran en el entorno y se alojan en ellas produciendo infecciones más graves.

Problemas sociales:

Cuando interactuamos con otros individuos, estamos en escrutinio todo el tiempo. Las personas se fijan en nuestra apariencia, juzgan nuestros hábitos de higiene y en base a eso modifican su trato y el nivel de relación que están dispuestos a tener. Vamos a admitirlo: tendemos a rechazar a las personas que no cuidan de su apariencia y descuidan su higiene personal, mientras que aceptamos más fácilmente a aquellos que se preocupan por verse bien. Es aquí donde las personas que padecen de onicofagia se ven afectados. Comerse las uñas tiene un gran impacto en nuestra apariencia, ya que las uñas se deforman y emanan un mal olor que pueden repercutir en el rechazo de las personas en nuestro entorno.

Consecuencias emocionales:

Los efectos emocionales de comerse las uñas, están estrechamente relacionados con el punto anterior: el rechazo social; pues esta situación podría devengar en problemas de autoestima, aislamiento, depresión e inseguridad que sólo traería consigo elevar los niveles de ansiedad y por consiguiente empeorar el caso de onicofagia. Esto generaría un círculo vicioso que, de no actuar, repercutiría gravemente en el individuo.

 

SIETE TRUCOS PARA DEJAR DE COMERSE LAS UÑAS

Lo primero que se debe tomar en cuenta, es que no importa cuantos trucos existan, por más eficientes que parezcan si no hay fuerza de voluntad no habrá milagro alguno que ayude a superar este trastorno. No es fácil superar los malos hábitos, pero todo esfuerzo tiene su recompensa, simplemente es cuestión de dedicación.

Uñas cortas:

Llevar las uñas cortas todo el tiempo es una manera efectiva de reducir el habito de comerlas; pues al no haber uñas que morder, no habrá a qué recurrir. Sin embargo, esta modalidad puede representar un riesgo, ya que las personas que más arraigadas están a él no evitarán hacerlo a pesar de llevar las uñas cortas; lo que puede repercutir en lesiones en los dedos y posibles infecciones. 

Un paso a la vez:

Es bastante difícil erradicar un hábito que está con nosotros desde hace mucho tiempo; por ello, lo mejor es plantearse una meta por etapas e ir cumpliendo un paso a la vez. Una buena manera de hacerlo es concentrar nuestros esfuerzos en cada uña. Si por ejemplo, el pulgar derecho es al que solemos recurrir, podemos comenzar evitando morder esa uña en específico. Una vez que ya no mordamos el pulgar derecho, concentramos nuestros esfuerzos al pulgar izquierdo y así consecutivamente hasta lograr erradicar el hábito por completo.

Mascar chicle:

Como ya hemos mencionado anteriormente, morderse las uñas suele ser consecuencia de la ansiedad. Lo que este truco sugiere es cambiar este hábito por uno más saludable. Mascar chicle quizá no se considere del todo sano, pues puede traer consecuencias en nuestros dientes; a pesar de eso, no es necesario vivir con un trozo de goma de mascar dentro de la boca. Se trata de recurrir a él en los momentos donde los niveles de ansiedad sean más altos. De igual manera, podemos hacer uso de chicles bajos en azúcar que tienden a ser más saludables o menos dañinos que otros.

Esmaltes especiales:

La industria farmacéutica está muy consciente de la existencia de este problema; y sabe que son muchas las personas que recurren a diferentes alternativas para dejar el hábito de comerse las uñas. Es por eso que hoy en día puedes encontrar en la farmacia esmaltes especializados que contienen sabores que resultan desagradables, aplicando así una especie de terapia de choque que implica un estímulo negativo (el sabor desagradable) ante el hábito impulsivo que se intenta erradicar.

Pimientos:

Esta alternativa funciona igual que la anterior, con la diferencia de que es un método mucho más económico. Los pimientos, especialmente los picantes, tienen un sabor que resulta desagradable y, hasta cierto punto, doloroso; el truco es incorporar el jugo de un pimiento en el esmalte que vayamos a utilizar y aplicarlo sobre las uñas. Una manera más radical es barnizar nuestras uñas sólo con el jugo del pimiento, teniendo especial cuidado con la piel al rededor de las uñas. 

Manicura:

trucos para no comerse las uñas

Parece algo tonto pensar que hacernos la manicura pueda tener repercusiones positivas en este mal hábito; pero, si lo pensamos bien, invertir en la apariencia de nuestras uñas nos hará más conscientes en el cuidado de ellas. De lo contrario, habremos desperdiciado dinero y tiempo. Podemos considerar, por otra parte, que si el costo no ha sido suficiente para mantener las manos alejadas de la boca, pues recaemos en ello; llevar uñas postizas puede ayudar a mantener las uñas naturales fuera del alcance de los dientes. De esta forma podremos evitar, al menos, determinadas lesiones.

Guantes:

guantes para no comerse las uñas

Llevar guantes es la solución perfecta, ya que mantiene las uñas protegidas. Sin embargo, este truco es más factible aplicarlo durante el invierno, que es cuando necesitamos hacer uso de dicha indumentaria. Para que los resultados sean mayores, es necesario prolongar el uso de los guantes el mayor tiempo posible, incluso cuando estamos dentro de casa. Con mucha fuerza de voluntad tal vez podamos erradicar este hábito antes de la siguiente temporada. 

 

MÁS  QUE UN TRUCO, ES UNA SOLUCIÓN

Ya lo hemos dicho, comerse las uñas es resultado de diversos factores emocionales que se centran principalmente durante la niñez; por lo tanto, solicitar la ayuda de un psicólogo no sólo es una buena idea, sino que también puede convertirse en la respuesta definitiva a este problema. Hacer uso de una terapia psicológica puede ayudar a encontrar el origen de este trastorno, para posteriormente tratarlo como es debido. Por otro lado, si el problema es de ansiedad, existen muchos tratamientos que un psicólogo puede aplicar para disminuir los niveles de estrés; y por consiguiente mantener nuestras manos alejadas de la boca. ¡Nada cambia si no se intenta!

Nosotros mismos podemos ser un poco más conscientes de los pensamientos que cruzan nuestra mente en el momento en el que nos mordemos las uñas; al igual que podemos analizar las situaciones que envuelven ese instante y cómo nos sentimos al respecto. Al poco tiempo podremos entender los factores que influyen en este hábito y así evitarlos o bien modificar nuestra conducta ante ellos. La motivación es un elemento que contribuye al deseo de eliminar la necesidad de comernos las uñas, la idea es pensar en la recompensa que obtendremos al final de este duro camino, como mejorar nuestra apariencia lo que a su vez tiene un efecto directo en el autoestima y aumenta nuestra calidad de vida pues nos sentiremos felices al respecto.

El ser humano es un animal de hábitos. Si hacemos la misma cosa de la misma manera durante veinte días o más la habremos convertido en un hábito; mas si dejamos de hacer las mismas cosas durante el mismo periodo de tiempo, el hábito habrá desaparecido.

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