Fisiología de la piel

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¿Eres de esas personas que se preocupan por la salud y el cuidado de su piel? ¿Has tenido problemas en lo que a la salud de tu piel se refiere? Si te preocupa o quieres más información sobre este órgano, a lo largo del texto encontrarás información útil. En este artículo hablaremos de la fisiología de la piel y de todo lo que has de saber para un correcto cuidado. A veces, cometemos el fallo de preocuparnos sólo por la capa externa de la piel. Es algo normal, porque es la única capa que vemos y es la que más se hace notar, al menos en el aspecto visual. Pero para tener una piel sana, hay que prestar atención a las demás capas, ya que, tarde o temprano, en la externa se manifestarán algunos de los resultados de nuestra salud. Por ello, hemos de concienciarnos y tomar ciertas precauciones necesarias.

Fisiología de la piel

El órgano más grande de nuestro cuerpo, con diferencia, es la piel. Más allá de la primera capa, la que nosotros vemos, hay varias capas igual de importantes y con diferentes cometidos. A continuación, describiremos las diferentes partes por las que se compone nuestra piel.

Capas principales

Epidermis. Esta es la capa que todos conocemos, puesto que es la más externa. La epidermis tiene melanocitos, células de Merkel, nervios sensoriales y células de Langerhans. Son cinco subcapas las que forman esta capa externa y están en constante reconstrucción en la superficie de nuestra piel. Dichas capas son la basal, la granular, la córnea, la clara y la espinosa.

Dermis. Es la capa que está debajo de la epidermis y, de las tres existentes, es la que más grosor tiene. Se encarga del suministro de nutrientes a la capa más externa de la piel y de regular la temperatura. Un alto porcentaje de nuestras «reservas» de agua se almacena en esta capa. En ella están los vasos linfáticos y sanguíneos, las glándulas sebáceas y sudoríparas y los folículos capilares. También el colágeno, la elastina y los extremos nerviosos se encuentran en la dermis, que a su vez está compuesta por dos subcapas; la reticular y la papilar.

piel

Hipodermis. Esta capa es la más profunda de las tres y la forman el colágeno y un conjunto de células de grasa. Tiene tres funciones importantes para nuestro organismo. La primera es que actúa de aislante, manteniendo nuestra temperatura corporal y protege nuestros órganos internos. La última función, y no menos importante, es el almacenamiento de grasa a modo de reservas para disponer de la energía necesaria.
Los nervios, los vasos linfáticos y sanguíneos, así como los folículos capilares recorren también la hipodermis. Su grosos depende de la zona del cuerpo en la que esté y de la persona, ya que no todos tenemos las mismas medidas.

Folículo piloso

El folículo piloso es muy importante en nuestra piel y nuestro vello. La parte de nuestro vello que se encuentra bajo la piel es envuelta por el folículo piloso, que se encarga de nutrirlo. Atraviesa dos capas; la dermis y la epidermis.

Glándulas sebáceas. Tienen la estructura parecida a la de un saco y segregan una sustancia de textura aceitosa en el folículo piloso. La mayoría de estas glándulas están en la dermis.

Nervios sensoriales

Los nervios sensoriales se encargan de la detección y transmisión del dolor, calor u otras sensaciones alarmantes. Su función es muy importante, ya que mandan la información de que nuestra integridad física se encuentra en peligro. Si sentimos que tenemos alguna parte del cuerpo entumecida, que nos arde o duele, o incluso con hormigueos, significa que nuestros nervios están fallando. Por alguna razón, ya puede ser seria o irrelevante, si se trata de algo temporal.

Estrato córneo. Es la capa que está más expuesta al exterior de la epidermis y en ella habitan las células muertas de nuestra piel. Una de sus tareas es salvaguardar el buen estado de las células vivas. Es una barrera que protege a las capas inferiores de los agentes externos y las agresiones a las que nos exponen.

Glándula sudorípara. Dichas glándulas están en la epidermis. Son las glándulas que más conoceremos, ya que producen el sudor que sale por medio de los poros de la piel. Una vez que el sudor se va, nuestra temperatura de la piel baja un poco. Por ello es importante, después de haber sudado, abrigarnos si nos encontramos ante un clima de bajas temperaturas.

Si tenemos una piel seca, seguramente nos interese saber cómo hidratar la piel de manera natural. Por el contrario, si padecemos de una piel grasa, nos vendrá bien conocer ciertos trucos para combatir el exceso de grasa en la piel.

Posibles peligros

Con la llegada del verano, la mayoría de la gente quiere ganar ese tono moreno de la piel que tanto nos gusta. O quizás, disfruten de los días en la playa, ir con poca ropa, etc. Para combatir las altas temperaturas, aparte de refrescarse, hemos de tener en cuenta unos cuantos factores. Con el fin de proteger nuestra piel, no debemos descuidarnos en este sentido.
Si queremos ir a la playa, es muy recomendable evitar las horas más críticas del Sol, que suelen dar al mediodía. En este rango de dos y cuatro horas, los rayos son más agresivos que a cualquier otra hora. Sumada a esta medida, cuando vayamos a tomar el Sol, es importante elegir un buen protector solar que cumpla con nuestras necesidades. Es indispensable proteger todas las partes de nuestro cuerpo y hacer uso del protector cada dos horas.

Por otra parte, aunque nuestra cabeza, en la mayoría de los casos, esté algo protegida por nuestro cabello, no significa que sea suficiente. Es perjudicial para nuestra salud que nos del Sol directamente. Una gorra o sombrero puede ser el complemento ideal para verano y, a la vez, protegerte de este peligro.

Exponer la piel a temperaturas extremas, ya sean bajas o altas, también es muy perjudicial. Así como el uso de algunos productos o cremas que nos producen irritaciones. Antes de comprar dichos productos, en caso de duda, podemos consultar con nuestro médico. Él nos puede aconsejar sobre su uso y los posibles efectos secundarios para nuestra salud. Esto depende de las circunstancias de cada uno, ya que no todos tenemos la misma piel.

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Consejos

Para tener una buena piel es muy importante cuidar nuestra alimentación. Una dieta sana y equilibrada mejorará nuestra salud en todos los aspectos. Así como la ingesta diaria de agua, siendo dos litros la cantidad justa. Aunque nuestra piel sea muy resistente y su función sea la equivalente a un escudo, no debemos descuidarla. Con más motivo aún, si es lo único que nos protege del medio ambiente, tenemos que prestar atención y no ponerla en peligro. Una buena forma de hacerlo es sabiendo cómo utilizar babosas y caracoles para el cuidado de la piel. Los beneficios de esta técnica son muchos y lo mejor es que es un remedio natural. Muchas marcas de cosméticos elaboran sus cremas a partir de las sustancias que generan estos seres vivos.

Con toda esta información a nuestro alcance y conociendo los posibles riesgos a los que sometemos a la piel, nos servirá para concienciarnos y aumentar los cuidados.

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