Qué hacer con mi vida

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A lo largo de los años nos preguntamos alguna vez, ¿qué hacer con mi vida? Seguramente, todos en algún momento hemos tenido la misma duda, siendo afectada por diversos factores. Siendo muchos los elementos que influyen altamente en nuestra vida. De una manera que nos preguntamos a nosotros mismos, en tono de duda o ignorancia, una y otra vez, qué hacer con mi vida. Los factores más característicos que influyen sobre lo que debemos hacer con nuestras vidas son los siguientes:

  • La inseguridad. El no estar seguros de que haremos para nuestro futuro. O bien, sobre si algo que estemos por hacer vaya a influir de manera positiva o negativa posteriormente en nuestra vida.
  • El desconocimiento. El mundo es muy grande, lleno de misterios y de variedad de cosas por ver y descubrir. Entonces, el no saber o estar escasos de sabiduría y conocimiento puede influir sobre lo que debamos hacer con nuestras vidas. Pudiendo haber la manifestación de una serie de dudas.
  • La autoestima, el estar tristes, enojados, o sentirnos atrapados en una o varias situaciones. Pueden generarnos diversas circunstancias que podrían concatenarse con más sentimientos negativos que afecten nuestra autoestima. En términos generales esto nos puede hacer dudar en varias situaciones. El tener una mala percepción de uno influye en nuestra toma de decisiones. De tal forma que teniendo una autoestima baja obstaculiza nuestro camino en la vida si no se corrige o cambia.

Cuándo es momento de saber qué hacer con mi vida

Hay diversas etapas de la vida en las que se manifiesta la duda de qué hacer con mi vida. Siendo característico, la etapa de la juventud que abarca la niñez y la adolescencia.

  • En la etapa de la niñez es normal que sintamos dudas con respecto a qué hacer en nuestras vidas. Ya que, la niñez es un período donde exploramos y aprendemos del mundo y nuestros alrededores. A cierta edad se nos presentan muchas cosas de las cuales no conocemos. Generando la duda sobre qué debemos hacer ahora, qué debemos hacer para después o por dónde empezar. Para ello, está la existencia de los colegios, siendo lugares de formación, orientación y educación para los jóvenes. Gracias a la existencia de éstos, de niños podemos tener una clara idea de qué hacer para aprender. Progresivamente, experimentando, al ser jóvenes podemos tener ideas sobre lo que queremos hacer en el futuro.
  • En la etapa de adolescencia los factores de desarrollo afectan en nuestras decisiones de qué hacer con nuestras vidas. Y es que esta, es una etapa caracterizada por cambios de conducta y hormonales que poco a poco inciden en nuestro comportamiento. Asimismo, es frecuente que al ser adolescentes cambiemos seguido con respecto a que debemos de hacer en la vida. Entonces, lo fundamental es que sigamos un camino de nutrición en conocimiento y generemos un gusto por el estudio. Además, que conozcamos las actividades que más nos apasionan porque es el momento ideal para cultivarlas hacia el éxito.
  • En la etapa adulta, por otra parte, hay casos donde no nos gusta nuestro o nos sentimos inconformes con lo que hacemos. Lo mejor en estos casos es que podamos aprender a realizar otras cosas que nos gusten y no sentirnos inconformes. Tomarnos como un reto hacerlo para beneficio de nuestras vidas.

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Autoconocimiento es la clave

Es fundamental saber quiénes somos, porqué estamos aquí y qué somos capaces de hacer. Si no me conozco no puedo saber qué hacer con mi vida. Entonces, averiguar el por qué estoy aquí, conocerme, encontrar mis habilidades y lo más importante saber quién soy, es vital. Como personas, estamos compuestos de la mente, las emociones y el espíritu, estos nos conectan y nos hacen uno. Al saber quiénes somos estamos interconectados con nuestra mente, emociones y espíritu.

Con ello, descubriendo quienes somos podemos estar conscientes de nuestras virtudes y defectos. Podemos hacer un gran uso de nuestras potencialidades para corregir los defectos y saber qué hacer con mi vida.

Tener definido lo que nos gusta y lo que nos desagrada es parte de conocernos. Saber el tipo de personas con la que nos gusta relacionarnos es fundamental. Rodearnos de las personas correctas, que además comparten nuestras metas nos ayuda a definir qué hacer con mi vida.

Terapia de conocimiento

Una excelente práctica para conocernos es la terapia de autoconocimiento. Esta consiste la realización de tres listas  personales. Para ello, necesitaremos un cuaderno que dividiremos en tres secciones, una para cada lista. Los listados que realizaremos son:

  • Quién soy.
  • Para que sirvo.
  • Qué quiero ser.

Cada una las realizaremos enumerando por los menos 100 cualidades en cada una. Para eso, es importante hacerlo de manera espontánea, sin limitarnos. Al mismo tiempo, debemos colocar características positivas y negativas. Allí, enumeramos cada cualidad que se nos venga a la mente. También, podemos preguntar a otros, lo que consideran que somos o para qué servimos. Entonces, cada característica la debemos colocar iniciando con la preposición de la lista y cada una en una línea. Luego, a medida que la vamos realizando, la vamos leyendo y observando nuestros defectos y virtudes. Así, las listas non van a ir quedando organizadas, por ejemplo:

Quien Soy (comenzamos diciendo siempre «Yo soy»):

  1. Educado.
  2. Feliz.
  3. Importante.
  4. Carismático.
  5. Buena persona.
  6. Colaborador.

Para qué Sirvo (comenzamos diciendo siempre «Yo sirvo para»):

  1. Cantar.
  2. Trabajar.
  3. Cocinar.
  4. Limpiar.
  5. Estudiar.
  6. Feliz.

Qué Quiero Ser (comenzamos diciendo siempre «Yo quiero ser»):

  1. Feliz.
  2. Profesional.
  3. Padre/madre.
  4. Trabajador.
  5. Botánico.
  6. Justo.

Es importante insistir en que estas listas las debemos hacer espontáneamente durante varios días. Para ello, puede ayudarnos el ir reflexionando y también preguntando a otras personas cercanas. Con el paso de los días, se nos irán revelando aspectos de nuestra personalidad. Permitiendo que estemos auto conectados y podamos responder a qué hacer con mi vida.

Autoestima para avanzar

Quererse es fundamental para saber qué hacer con mi vida. Una vez que sepamos quiénes somos, debemos de amarnos con todas nuestras cualidades y defectos incluidos en nuestro interior. Entender por qué somos importantes, por qué nos amamos y qué nos hace tan especiales.

Una autoestima baja influye en nuestra autopercepción y de lo que queremos en la vida.

Si nos sentimos con autoestima baja, hay distintas formas de subirla, a través de diversas actividades que podemos practicar. Dichas actividades puedo practicarlas en el siguiente orden:

  • Mirarnos en un espejo varias veces al día, repetirnos y recordarnos lo mucho que nos amamos. Me quiero mucho y debo expresármelo diariamente, de esta manera me demuestro afecto y mucho cariño para subir mi autoestima.
  • Pensamiento positivo. Una mente positiva llena de alegría, buenos valores, esperanza y fe atrae energías positivas para nuestro ambiente de vida. Con eso, alejamos la negatividad y todo lo que interiormente afecte a nuestra autoestima.
  • Elogiarnos de cualquier forma, siempre que realizamos una actividad en la vida diaria que salga bien debemos alentarnos. Asimismo, elogiarnos frecuentemente ayuda a fomentar nuestra autoestima. También, felicitarnos y llenarnos de alegría hasta que irradie a nuestro espíritu. Igualmente, el darnos aliento y aplaudir nuestras buenas labores y acciones impulsa los ánimos de hacer nuestras actividades.
  • Estar conscientes de que somos importantes. Reconocernos en nuestra autovaloración nos permite vislumbrar las tareas para las que somos útiles.
  • Ejercicio físico. Cultivar una buena forma física es importante para sentirse bien. Además la salud está ligada a la valoración que tenemos de nosotros. Realizar alguna actividad física nos ayuda a tener una autoestima adecuada.

Tener un motivo u objetivo

Al escoger lo que vamos a hacer, tenemos varias opciones y para todo hay un motivo. Debemos pensar en los motivos del por qué realizaremos alguna acción, una con respecto a las otras. En nuestras actividades debemos tener un buen motivo para hacerlas y establecer diariamente un objetivo. Las cosas siempre ocurren por alguna razón y debemos guiarnos en la ejecución de las que nos hagan mejorar. El tener un objetivo, es una gran forma de saber qué hacer con mi vida. Al alcanzar todas nuestras metas nos llenamos de energía. Las acciones que acarreen a ellas nos hacen sentir con vida.

Lo que hacemos debe tener un objetivo incluso en el largo plazo. Muchas veces escogemos una profesión o un trabajo particular sólo por moda o porque nos lo han indicado. Por lo tanto al desempeñarnos en ellos, nos sentimos sin rumbo o con frustración. Cada labor que realicemos debe tener una profunda motivación dentro de nosotros, un por qué. No ir simplemente hacia donde van todos. Tener un objetivo, es la brújula de la vida, este nos guía indistintamente de lo que estemos realizando. La profesión u oficio alcanzado no es lo que debe definir nuestra felicidad. Es el alcance de un objetivo superior de vida y el para qué estamos vivos, lo que guía realmente nuestro camino.

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Escuchar y evaluar

Para tener una mejor percepción personal, podemos buscar orientación entre familiares o personas cercanas. La finalidad de pedir una orientación es la de escuchar y evaluar lo que nos dicen. En que consideran que sirvo, en que soy bueno, como puedo mejorar y que harían en mi lugar. Preguntar a varias personas, prestando atención detenidamente a lo que digan. Con la opinión y apoyo recibido de algunas personas pasamos a hacer una autoevaluación. Una evaluación propia de nuestras cualidades, habilidades, actitudes, conocimientos, fortalezas, debilidades y aptitudes.

La orientación y ayuda de diversas personas nos permiten reflexionar respecto a qué cualidades y defectos son visibles de nosotros. De acuerdo a esas observaciones podemos mejorar y tomar nuevas actitudes hacia la vida.

Para mejorar debemos empezar por deshacernos de lo que representa un obstáculo para nuestro desarrollo. Haciendo la adecuada corrección de nuestros defectos, a través de nuestras potencialidades. Durante este proceso es importante la retroalimentación, por lo que es importante estar en escucha y evaluación permanente. En este paso es importante no pasar al extremo de vivir pensando sólo en las opiniones de los otros. Como seres sociales, enviamos señales, preguntamos, escuchamos, evaluamos y tomamos lo que nos hará mejores.

Una decisión completamente personal

Lo que resolvemos hacer con nuestra propia vida es una decisión completamente personal. Sin embargo, las circunstancias diarias pueden ser variadas, favorables o desfavorables según los acontecimientos que ocurran. Siempre conseguiremos personas que tienen alguna influencia sobre nosotros. Está bien recibir consejos, escuchar sugerencias, pero la decisión debe ser producto de nuestra propia reflexión. Si nos conocemos y tenemos una autoestima adecuada, entonces podremos definir qué hacer con nuestra vida. Pero, lo más importante es que podremos tener la suficiente firmeza en dicha decisión.

Cuando escogemos nuestro rumbo tendremos que afrontar preguntas sobre por qué tomamos ese camino y no otro. Por ello, es importante tener claro nuestro objetivo. Igualmente, tenemos que convenir en escuchar, pero la influencia de los otros no puede guiar nuestras resoluciones. Actuar por moda o porque los compañeros nos han inducido puede acarrearnos frustraciones. Puede llevarnos a sentir que hemos tomado el camino equivocado.

Para saber qué hacer con nuestra vida en un momento determinado, debemos decidir de acuerdo a nuestra escala de valores. Poner en la balanza nuestros principios, el conocimiento de nuestros defectos  y virtudes. Considerar la opinión de los otros escuchando siempre nuestro corazón. Pero, asumirnos como responsables únicos de nuestras decisiones.

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