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Cómo reconocer a las personas tóxicas

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Personas tóxicas, como es posible que podamos adoptar conductas o actitudes que enferman nuestra salud y la de los demás. Las personas nacemos limpias de corazón, sentimientos sinceros, es el transcurrir de la crianza y sus errores que marcan pauta. Es así, como el desarrollo y crecimiento de un niño se va marcando de la formación que damos los adultos. De niño, se aprende lo que se vive, lo que se ve, de adulto se ejerce o aplica esa vivencia. Si un niño crece criticado, avergonzado, reprimido, en la hostilidad, aprenderá conductas tóxicas que perpetuarán esos comportamientos. Una persona tóxica se manifiesta de muchas formas desde la psicología, los patrones de personalidad. Entonces, cómo se vuelven tóxicos cuando esos patrones se hacen cotidianamente tóxicos desde nosotros mismos y al relacionarnos con otros.

Personas Tóxicas. Una Manera de Vivir

Personas Tóxicas. Una Manera de Vivir

 

Tipos de Personas tóxicas

El Envidioso.

Es aquel le genera angustia que otra persona logre algo y lo descalifica. Tal como dice Stamateas “La envidia es un sentimiento destructivo de alguien que pretende quitarte lo que has logrado. Si eres un hombre de éxito, siempre te perseguirán.

El Negativo.

Aquella persona que a todo le encuentra una contrariedad, siempre tiene una justificación pesimista para no tener que hacer nada.

El Criticón.

Es aquel que vive pendiente de lo que hacen los demás, para descalificar, desplaza toda su frustración hacia los otros. Siempre tiene algo malo que decir, aportes destructivos, opiniones negativas de otros y/o su actuación, generalmente no contribuye en nada. Así que, en criticar entra el concepto de juzgar, significa no ver lo positivo de aquello que se debe reflexionar.

El Quejoso.

El que siempre tiene motivos para quejarse, todo le molesta, es un lamento, una demanda, un reproche, un reclamo permanente.

El Meteculpa.

Tiene siempre emociones o sentimientos negativos y una forma muy utilizada para manipular a las demás personas. Se condena perpetuamente a vivir insatisfecho, reprochándose la vida que vive, sus responsabilidades no son de él sino de otros.

El Triangulador.

A” tiene problemas con “B”, en vez de decirlo a “B”, lo dice a “C” usándola manteniendo siempre un enredo.

El Falso.

Opera desde dentro, genera conflictos, siempre se ocupa en tratar de convencer a los demás de algo que no es. Y lo peor, su máscara quiere aparentar, alguien que ni siquiera siente convicción de ser, no muestra lo que realmente es.

El Manipulador.

Aquel que daña con una intención deliberada de dañar, se mete en la mente, seduce y utiliza a los demás. Y aquí se cita nuevamente a Stamateas “Por lo general los manipuladores estudian a las personas en busca de su vulnerabilidad, de su debilidad. Suelen tener como objetivo a la gente dependiente, crédula; gente con complejo de salvador o llena de culpa. Se metió en tu mente, te sedujo y te utilizó”.

El Descalificador.

Parecieran ocuparse de disminuir, rebajar, menospreciar a los demás, descalifican, “qué bueno que cocinaste, pero te quedó todo sin sabor”.

El Roba méritos.

Es aquella persona que le atribuye a todo el buen funcionamiento gracias a sí mismo, si no existiera nada serviría. “Tú has llegado hasta aquí porque yo lo hice posible”, “ésta empresa es un éxito gracias a mí, sin mí se va al fondo”.

El Agresivo.

El que castiga en silencio o habla tranquilamente con gran carga agresiva, son difíciles, complicados, obstaculizadores, obligan a mantener autocontrol. Lo que puede decir en un tono normal, descriptivo, explicativo, pacífico, lo dice siempre en un tono desafiante y violento.

El Narcisista.

Vive pendiente de sí mismo, su belleza, cuando no lo reconocen, cree que “está mal porque no reconocen su belleza”.

El Psicópata.

Son las personas que generan conflicto de forma explícita, disfrutándolo, usando a los demás como objeto que utiliza y descarta. No aman a nadie, tienen la característica de agredir, arremeter contra quien no hace su voluntad y justificarlo por ello. En tal caso, las otras personas, son simplemente un medio para ellos conseguir sus objetivos particulares, sexo, dinero, objetos materiales. No tienen memoria de sus actos, simplemente la complacencia se su ego presente.

El Chismoso.

Aquella persona cuyo deporte es el más antiguo que se conoce: el chisme, su trabajo es difundir dichos y rumores. El chismoso trata siempre de convencer de un comentario a quien no le corresponde saberlo, es mal sano y deliberado. Tampoco, va nunca a comentarle algo a la propia persona de quien habla, sino que siempre involucra a un tercero. Por lo general, el chismoso no tiene oficio es ocioso, flojo, inútil para desempeñar sus propias tareas, se vuelve intoxicante. Por eso es importante no escucharlos, sino buscar las fuentes de información de su transmisor original de quien transmite originalmente.

El Paranoico.

Está siempre a la defensiva porque lo pueden atacar por cualquier motivo, no puede confiar en los demás le pueden perjudicar. Ser desconfiado, es una condición permanente del paranoico, que ve siempre por todos lados intenciones malignas de todo el mundo.

El Mediocre.

Aquel que no se capacita ni mejora continuamente, no crece como persona no lucha por sus sueños, no tiene proyectos. Una vez, San Francisco de Asís dijo: “Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible, y de repente estarás haciendo lo imposible”. Cita reflexiva, un llamado a la voluntad, en contraposición a la mediocridad.

 El Autoritario.

Quien impone criterios a la fuerza, quiere que le obedezcan por temor, para él las cosas no tienen un porqué. Por eso, no tiene argumentos, no razona, “Aquí se hace lo que yo digo, ¡porque sí!, porque yo lo digo”. Estos, recurren al autoritarismo, siendo arbitrarios toman posiciones aventajadas, imponiendo su voluntad por fuerza, no admiten cuestionamientos de ninguna clase.

El Neurótico.

Tienen conductas de origen psíquico, no biológico, tienen necesidad de ser amados, aceptados, reconocidos, independientes, de tener poder y liderazgo. Son personas que se jactan de sí mismas, pretenden ser originales sin serlo en realidad,  tienen una conducta inmoral.

¿Quiénes son las personas tóxicas?

Personas tóxicas, ¡nosotros mismos!. Si, exactamente, yo mismo, tú mismo, ellos mismos, porque todos en algún momento tenemos actuaciones y conductas tóxicas. Al respecto, en algún momento hemos tenido o tenemos modos de acción poco acertados que nos dañan, dañan a otros. Y por todo eso, son personas tóxicas generadoras de estrés, propio, individual y hasta estrés colectivo.

¿En dónde están las personas tóxicas. Dónde podemos ubicarlas?

Personas tóxicas hay en todas partes. En nuestros hogares, en el trabajo, en centros de estudio, en la calle, en centros comerciales y en cualquier parte. Ya que, podemos ser cualquiera de nosotros mismos, podemos estar en cualquier ubicación geográfica de éste planeta, están, donde estemos.

Reflexión en un mundo moderno y global

personas tóxicas

¿Qué podemos hacer para combatir a las personas tóxicas?

Para combatir el ser personas tóxicas, es necesario analizar, reflexionar, crecer desde nosotros mismos para ayudar a crecer a otros. Pues, el combate comienza desde cada uno de nosotros mismos, librando esa lucha interna por ser cada día mejor, superándonos. Es así como, fortaleciendo nuestras cualidades, trabajando nuestras debilidades, revisando nuestros defectos y reflexionando de ellos, podemos generar un cambio. Aprendiendo a vernos al espejo, cumplir criterios de no hacer a otros lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros. Ciertamente, hay que comenzar desde nosotros mismos, por nuestra propia toxicidad y sanarla, para poder reconocer las demás personas tóxicas. Puesto que, es con las acciones con las que demostramos, “un hecho, vale más que mil palabras” para poder cambiar. De ésta manera, donde quiera que estemos defendemos la justicia y la verdad con convicción siendo sinceros con nosotros mismos.

La opción desintoxicante

Diez pensamientos, para mejorar, reflexionar, respetarnos en tolerancia y convivir con quienes tienen ideas distintas, buscando equilibrio en la justicia:

  1. Todos somos diferentes y esto es una riqueza, nunca es una pobreza.
  2. Esforzarse por comprender al que discute con nosotros, aunque no estemos de acuerdo, no todos tenemos el mismo punto de vista.
  3. Esforzarse por expresar bien, clara, brevemente las ideas, así, los demás puedan también, comprender aunque no las compartan y no estén de acuerdo.
  4. No interrumpir a los demás mientras hablan, escuchar lo que dicen, respetar las normas del buen oyente y buen hablante.
  5. Nunca imponer la opinión o el punto de vista a la fuerza, procurar siempre encontrar la verdad en el origen. Así será más fácil establecer un equilibrio, ser justos, colocarse del lado de la verdad, de forma objetiva.
  6. Nutrir y llamar al dialogo con firmeza en los pensamientos, pero también con flexibilidad para cambiarlo si se encuentra razones para ello.
  7. No argumentar nunca con sentimiento, ni dar por ofendido cuando las opiniones no son valoradas, las opiniones son ideas no sentimientos.
  8. No olvidar que por muy cierto que parezca lo que se defiende, la certeza es compatible con el error.
  9. Esforzarse por comprender a las otras personas, siempre se apreciará y nunca se tendrán como un potencial enemigo.
  10. Una discusión ha de terminar siempre en un agradecimiento mutuo, porque los dos se han dado la oportunidad de reflexionar.

Moraleja para interiorizar

Ver lo negativo y lo positivo, preguntar a uno mismo, lo que nos han dicho, han hecho o han oído. Para centrarse, en esa búsqueda de la verdad, del equilibrio, donde acciones de cada uno no hagan daño a otros.

Sí, es posible descubrir lo que cada uno pondría como aporte para convertir situaciones tóxicas en mejores, buenas o excelentes.

Comportarse con los demás, como se quiere que los demás se comporten con uno mismo.

Érase una Vez un Cuento Tradicional de la Realidad

De Otro Autor: Se puede Hacer

Las personas valientes analizan los hechos y preguntan: “Es ésta la mejor manera de hacerlo” En cambio los cobardes dicen siempre: “No se puede hacer.”

Al hombre triste le sucede

que siempre  dice: “no se puede”

Rechazando  vanidoso cualquier iniciativa

y siempre detesta que se le contradiga;

si por él fuera ya hubiera terminado

con todo lo que en el mundo está inventado

¡Ni coches, ni teles, ni camiones;

ni vacunas, ni radios, ni aviones!

Él siempre decreta desde un trono:

“¡Seamos semejantes a los monos!”

¿Te imaginas qué grandísimo fracaso

sería, a este señor hacerle caso?

Tratamiento para curarse lo tóxico

  1. Administrarse mucho optimismo.
  2. Valorarse a sí mismo
  3. Esforzarse para lograr cada meta, el esfuerzo es igual a éxito.
  4. Tener fe siempre.
  5. Valorar cada logro sin importar cuan pequeño parezca.
  6. Aléjate de la gente equivocada y tóxica, acércate a la correcta para tomar medidas asertivas.
  7. Liberar el potencial interno de cada quien, estimula la grandeza de las cualidades innatas.
  8. Practicar y perfeccionarse en lo que más gusta y se tiene conocimiento.
  9. Tener valentía y enfrentar la vida con alegría.
  10. Utilizar las palabras que se emiten como un arma de paz.
  11. Cultivar el aspecto armonioso y buena presencia como un acto de autoafirmación.
  12. Tener confianza en sí mismo, para crecer emocionalmente, para construir fortaleza autocrítica, riqueza espiritual y crecimiento emocional personal. Esto permite que podamos ser capaces de disfrutar de nosotros mismos, es importante protagonizar nuestras propias vidas, con mucha sabiduría. La llave para disfrutar está dentro de cada persona, con capacidad de, en cada situación abrir una nueva puerta especial. “Es vital aceptarse a uno mismo”
  13. ¡La felicidad es una decisión, tomar la decisión de ser feliz!
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