Cómo son los síntomas de la neumonía

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Existe una gran cantidad de microorganismos capaces de causar los síntomas de la neumonía. Es tal la magnitud, que la larga lista incluye, agentes infecciosos de todo tipo como virus, bacterias, hongos, parásitos y químicos.

La neumonía es una infección de los pulmones que se desarrolla cuando un agente infeccioso invade los alvéolos pulmonares. Entonces, se desencadena una producción excesiva de moco, que por una parte aparece para mantener la humedad del aparato respiratorio. Pero, por otro lado puede provocar tos, al mismo tiempo que se produce inflamación que hace que se estrechen las vías respiratorias, desencadenan malestar general y una sensación de falta de aire.

Este proceso infeccioso del pulmón, ocurre cuando afecta a los bronquiolos que son los conductos más pequeños del aparato respiratorio. De ahí, a los alvéolos que son diminutos sacos de aire que se encuentran en el extremo de cada bronquiolo. Cuya función es la de dejar pasar el oxígeno proveniente de la respiración hacia la sangre y realizar el respectivo intercambio de gases, eliminando el dióxido de carbono.

Durante el proceso de neumonía, la infección que se produce, produce inflamación en los alvéolos y los llena de líquido. En consecuencia, la capacidad de los pulmones de bombear el oxígeno hacia todo el organismo, se ve afectada y deteriorada. Dicha secuencia de eventos patológicos hacen que aparezcan los síntomas en la persona afectada.

Síntomas de la neumonía

Síntomas de la neumonía

Es importante sospechar de la neumonía en cualquier persona que presente los siguientes síntomas:

Fiebre

El aumento de temperatura puede presentarse con o sin escalofríos. Pero, que cuando se acompaña de éste último síntoma es todavía más indicativo de la existencia de un proceso de neumonía.

Tos

Puede o no ser productiva. Pero, la presencia de esputos sugiere la formación de secreciones a nivel de los alvéolos de los pulmones. Por lo que contribuye a precisar el proceso infeccioso; a pesar de que no ser específico de los síntomas de la neumonía porque puede estar presente en otros trastornos inflamatorios. Finalmente, éste tipo de exudados procedentes de la expectoración pueden acompañarse de pus y/o de sangre.

Dolor en el tórax

Puede tornarse agudo e intenso en el costado. Si la neumonía se ha extendido y si se ha producido una pleuritis o pleuresía. Ya que además, existe un importante proceso inflamatorio.

Disnea o dificultad para respirar

A medida que avanza la enfermedad se va intensificándose y haciéndose cada vez más marcada. Llegando a ocasionar sensación de falta de aliento y de rigidez en el pecho. Cabe destacar, que la persona afectada de neumonía está tratando de compensar. Y con ello, trata de aumentar como sea el ingreso de oxígeno al interior de sus pulmones. Teniendo como resultado mayor dificultad respiratoria.

Taquipnea

Es el aumento del número de respiraciones por minuto. Que además pudieran llegar a complicarse y producir aleteo nasal o movimiento exagerado de la apertura de las fosas nasales. Evidente durante la respiración forzada, que se puede acompañar de tiraje intercostal o movimiento torácico y de espacios intercostales desmesurado.

Cianosis o coloración azulada de piel y mucosas

Puede verse sobre todo en los síntomas de la neumonía más grave. Ya que, es una manifestación clínica cardinal de la hipoxia o falta de difusión de oxígeno a los tejidos. Como ya sabemos, el ingreso de oxígeno que normalmente entra a través de los alvéolos pulmonares a todo el cuerpo se encuentra disminuido. Porque los alvéolos están ocupados con todo el componente infeccioso que está produciendo la neumonía. Con lo cual a su vez el dióxido de carbono que habitualmente debe eliminarse tampoco sale adecuadamente por los alvéolos. Por lo tanto, cada vez más, a medida que avanza la enfermedad, se deteriora la capacidad normal de funcionamiento pulmonar.

¿Cómo y porqué se manifiestan los molestos síntomas de la neumonía?

Las bacterias que han infectado los pulmones, invaden su tejido, alterando su funcionamiento. Por esa razón, van apareciendo los síntomas de la neumonía que afectan al enfermo. Lo que hace que se produzca la respuesta del sistema inmunológico que se desencadena intensamente en los pulmones. Esto hace que los tejidos microscópicos pulmonares contribuyan a lesionarse haciéndose más vulnerables a la infección, debido a la intensa reacción. Entre otras cosas, ocasiona aglomeración de células y sustancias que forman parte de la línea de defensa de nuestro organismo. Y aunque vienen a luchar y hacer frente contra la infección, terminan contribuyendo al proceso de consolidación o condensación pulmonar.

Luego, estos mecanismos conllevan a la extravasación de líquidos desde los vasos capilares sanguíneos, los más pequeños del tejido pulmonar. Debido a la rica composición proteica del líquido extravasado se va acumulando en los alvéolos pulmonares ocasionando áreas de condensación. Haciendo que en esa zona exista una reducción del funcionamiento para el intercambio de gases. En consecuencia, hay reducción de la cantidad de oxígeno y un aumento por acumulación del dióxido de carbono. Entonces, el afectado trata de respirar cada vez más rápido, tratando de conseguir más oxígeno. Además, de tratar de eliminar el dióxido de carbono que es tóxico potencialmente para el organismo.

En su conjunto se va produciendo también, mayor producción de moco que ocupa y llena los alvéolos de los pulmones. Este, se torna rojo por el color de la sangre de los capilares, se va taponando en el parénquima pulmonar. Reduciendo así, aún más, el intercambio gaseoso que deben realizar normalmente los pulmones. Porque los alvéolos se llenan de bacterias patógenas, líquido, restos de células y glóbulos blancos que se aglomeran allí para defender de la infección.

Y como resultado de la enfermedad

Condensación o consolidación del pulmón. Entonces, los síntomas de la neumonía se manifiestan evidenciando el síndrome de condensación o consolidación que se ha producido. Por lo que es, el signo patognomónico o cardinal de las neumonías bacterianas. Producida en el momento en que los alvéolos se llenan de líquido y restos de células, donde normalmente deben estar llenos es de aire.

Afectación alveolar y del parénquima pulmonar únicamente, sin dar lugar a la condensación del tejido de los pulmones. Es lo que ocurre en las neumonías virales y aquellas que son producidas por Mycoplasma, ya que no es característica la consolidación.

Lo más importante para orientar el diagnóstico de los síntomas de la neumonía

Síntomas de la neumonía

Acudir para el examen médico

Es indispensable, ante los síntomas de la neumonía, acudir inmediatamente al médico, para que sea el especialista que tome medidas oportunas. La gran mayoría de las veces el diagnóstico que hace el médico especialista se fundamenta en las manifestaciones clínicas. Además, se correlacionan con la evaluación médica de la persona cuando es examinada.

A la auscultación o examen con el estetoscopio, el médico puede escuchar la presencia de ruidos anormales en el tórax. También, la percusión o pequeños golpes con los dedos en la espalda, dará ruidos distintos a los normales. Dejando así, en evidencia la ocupación de los alveolos con líquido, secreciones mucopurulentas, bacterias y restos de células.

El diagnóstico por medio de los exámenes de laboratorio

  • Análisis directo del esputo en el microscopio

Puede realizarse tranquilamente para el diagnóstico de muchas neumonías bacterianas. Este estudio permite la identificación del tipo de bacteria que está ocasionando la infección. Y suele requerir  con mucha frecuencia la práctica de un cultivo microbiológico de ese esputo.

  • La radiografía de tórax

Consiste en la realización del examen de la región torácica del paciente con Rayos X. Ya que, puede señalar la presencia de cambios anormales debidos a la neumonía. Por ejemplo, el hallazgo de sombras que oscurecen de manera local algunas zonas del pulmón son indicadoras de neumonía bacteriana.

  • Estudio de radiografía con una trama pulmonar de aspecto irregular y reticulado

Sugiere la presencia de una neumonía viral. Por ejemplo, es el caso de las neumonías producidas por Mycoplasma. Sin embargo, dichos cambios en la radiografía, puede que no coincidan con el momento de aparición de la sintomatología clínica.

Algunas medidas preventivas

Prevenir cualquier enfermedad es muy importante y a veces la principal medida que podemos tomar. En el caso de la neumonía, la prevención es bien importante, porque de esa manera muchas veces podemos evitarla. Por esa razón veamos a continuación algunos tips preventivos que nos pueden servir:

en los alimentos, en las frutas y de ser posible en suplementos diarios. Dado que ésta vitamina es un fantástico antioxidante natural y un agente antiviral muy potente. De esa manera, contribuye a mantener el organismo sano, aumenta las defensas naturales y ayuda a fortalecer el sistema inmunológico. Así, que es sumamente importante que conozcamos que existen muchos alimentos que la contienen y que necesitamos tomar a diario. Por ejemplo, las frutas y las verduras de colores rojo, amarillo, verde o anaranjado por su alto contenido en betacarotenos.  Ya que estimulan la actividad inmune. Entre ellas, podemos mencionar al kiwi que es el rey de la vitamina C, el brócoli, las coles de Bruselas. También, el limón, la naranja, la mandarina, los arándanos y la frambuesa, entre otras.

  • Tomar abundantes líquidos

Es bien sabido que consumir mucha agua, aproximadamente 8 vasos o lo que es lo mismo 2 litros al día; siendo necesario y beneficioso para nuestro organismo, porque aparte de garantizar la adecuada hidratación de nuestro cuerpo, beneficia sus funciones. Es así, como los procesos infecciosos como neumonía, se establecen con mayor dificultad en membranas de vías respiratorias bien lubricadas. Es más difícil que una persona bien alimentada y bien hidratada enferme, que aquella que no come bien y no toma suficientes líquidos, ya que ésta última es más propensa a enfermarse y a ser infectada por cualquier germen oportunista que se instale a producir trastornos en su organismo.

  • Evitar el uso excesivo y los lugares con aire acondicionado

Ya que contribuyen a la resequedad de nuestras membranas mucosas. Además, de que muchas veces son reservorio ideal de microorganismos infecciosos que pueden enfermar las vías respiratorias.

  • Tratar de no frecuentar los lugares muy concurridos y calientes

Porque hacen que microorganismos como los virus se diseminen con rapidez. Por ejemplo, en algunas epidemias los vuelos aéreos de largo recorrido han significado un caldo de cultivo fértil de enfermedad.

Debido a que el exceso de estrés al que estamos sometidos cotidianamente puede debilitar el sistema inmunitario.

Es indispensable que tengamos como hábitos en nuestro estilo de vida el descanso y la relajación porque son elementos importantes. No solo ayudan a fortalecer nuestro organismo, sino que son pilares fundamentales de nuestro equilibrio orgánico y emocional interno.

  • Tomar equinácea

La equinácea es una planta medicinal que se encuentra disponible en pastillas y en forma de tintura. Sirve para fortalecer el sistema inmunológico de manera natural. Entre sus propiedades curativas está el aumento del número y de la actividad de los linfocitos o glóbulos blancos. Lo que la ha hecho una herramienta para luchar contra la infección.

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