Cómo dar un masaje relajante

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Saber cómo dar un masaje relajante, es un conocimiento técnico por muy básico que queramos aprenderlo. Debido a que forma parte de un conjunto de técnicas manuales muy antiguas que favorecen la salud en el organismo. Ya que, hace más de 3.000 años que se aplicaban en Egipto, India, China, Japón y el Tíbet. De allí, sus bases que abrieron paso a su uso en la medicina tradicional actualmente. Porque dar un masaje relajante es contribuir a dar una experiencia de contacto y de tacto. Además, fuente que proporciona paz y equilibrio interior.

Es bien sabido que una mano que acaricia o produce fricción de manera instintiva en un lugar con dolor es gesto que reconforta inmediatamente. Ya hace 500 años antes de Cristo, los griegos practicaban el masaje y lo utilizaban como un medio terapéutico. De hecho, era una de las terapias favoritas de Hipócrates y eran reconocidos como una forma de alargar la vida a pacientes de avanzada edad. Por otra parte, en la Antigua Roma el masaje era un tratamiento y una terapia lúdica al mismo tiempo. Allí, el emperador Julio César hizo célebre su masaje diario con aceite de oliva.

Dar un masaje relajante consiste en aplicar una serie de diferentes técnicas que se inspiran en tradiciones de la antigua Grecia, Egipto o China. Tiene significado higiénico, terapéutico y de rehabilitación. Es decir, que dentro de sus fundamentos está poder apreciar nuestro propio cuerpo, por lo que establece una relación de expresivo y sensible intercambio desinteresado. Particularmente, en el masaje relajante necesitamos transmitir la máxima confianza que sea posible. Porque necesitamos reducir tensiones, aliviar dolores, intercambiar las energías y en definitiva saber comunicar con las manos. Dado, que en ellas está el secreto para comunicarnos sin ser necesarias las palabras.

Preparativos necesarios para dar un masaje relajante

Dar un masaje relajante

Prácticamente, los preparativos son independientes de cualquier tipo de masaje que decidamos dar. Ya que, existe un conjunto de requerimientos previos que son indispensables si deseamos que nuestro masaje relajante sea eficaz. Estos van desde el lugar que utilizaremos para dar el masaje terapéutico, hasta los conocimientos elementales que debemos manejar por ejemplo datos de anatomía básica, la vestimenta, la calidez del ambiente o los aceites para dar el masaje. Todo eso nos ayudará a sentir y a hacer sentir cómodos, seguros y relajados durante la manipulación.

  • El lugar donde se realizara el masaje relajante

Es necesario que toda la sala destinada a dar el masaje relajante sea confortable. Porque eso contribuirá a que el procedimiento sea más eficaz. Por lo tanto, es necesario que la sala del masaje tenga una apariencia amplia, limpia, ordenada y llena de claridad. Además, es importante que provea de un ambiente tranquilo, con una temperatura  fresca y acogedora de 22 y 24°C. Así mismo, debe invitar a la relajación con colores claros y suaves, de tonalidades alegres y agradables que junto con la iluminación produzcan un efecto sedante y de suavidad. No obstante, cuando el clima lo permite, podemos hacer masajes al aire libre. Cuidando siempre de no tener la interferencia de animales o insectos.

  • Superficie de trabajo

Para dar un masaje relajante podemos utilizar una mesa o camilla de masaje. O bien, aplicarlo en el suelo en un colchón de poco espesor o manta plegada especial para ello. Sin embargo, hay que tener presente que cuando nuestra intención es dar masajes frecuentemente, merece la pena disponer de la mesa especial para masajes. Para así, trabajar más cómodos sobre ella.

Es importante que la altura de la camilla sea de unos 90 cm eso nos permite y facilite movilizarnos cómodamente. Además, nos ayuda a cuidar una sana postura que no perjudique nuestra columna dorso lumbar. Tampoco, nos conviene dar un masaje relajante sobre una cama porque, trabajaremos muy inclinados y nos fatigaremos, impactando negativamente sobre nuestra espalda. Por otra parte, quien está recibiendo el masaje no se relajara bien. Ya que, la relajación se da mejor sobre una superficie firme que sobre una blanda.

  • El silencio es vital

Es indispensable guardar silencio. Podemos utilizar algún tipo de música relajante para el fondo. Sin embargo, aunque a algunas personas les agrade, a otras les puede molestar.

  • La desnudez

Es indispensable que la persona que recibe el masaje relajante este desnuda. Puede utilizar un traje de baño o ropa interior cómoda y vieja preferiblemente. Para que no exista peligros de que se dañe con el aceite.

  • Los aceites

Los que podemos utilizar para dar un masaje relajante son centenares de aceites esenciales. Sin embargo, los mejores según sus propiedades para favorecer la relajación, son los siguientes: aceite de ciprés, eucalipto, enebro, lavanda, manzanilla, rosas. Todos estos aceites contienen esencias aromáticas, son olorosos, oleosos y volátiles. Estos, son extraídos de las plantas mediante procedimientos de destilación, entre otros. Por lo tanto, poseen aplicaciones terapéuticas precisas y por eso son los ideales para inducir la relajación.

Dar un masaje de relajación con fluidez

Para dar un masaje relajante es necesario que deslicemos las manos desnudas por la piel. Estas se irán calentando muy rápido por la fricción. Por lo que debemos utilizar el aceite, la crema o la pomada que hemos elegido. Pero debemos tener presente que no debemos utilizar cremas nutritivas, ni linimentos, ni productos que contengan medicina. Por ello se suele utilizar el aceite como medio deslizante, preferiblemente bastante fluido y que sea de origen vegetal y natural.

Conocimientos básicos de anatomía

Es importante que al dar un buen masaje de relajación tengamos un adecuado sentido de la orientación. Solo debemos poseer una capacidad mínima de observación y revisar con detenimiento esquemas, dibujos, fotografías o posters de los músculos del cuerpo humano. Además, aprendernos los nombres más importantes de esos músculos nos ayuda a comunicarnos con la otra persona. Sin embargo, es indispensable que tengamos una imagen mental bien formada de las estructuras musculares. Si bien es cierto que necesitamos tiempo para eso, para dar un buen masaje relajante es vital conocer como está formado el cuerpo. Además, nos hará darnos cuenta de la relación que existe entre algunos dolores y los músculos.

Los músculos permiten que podamos movernos, dan forma a nuestro cuerpo y contribuyen a nuestras funciones circulatorias, respiratorias y digestivas. Aparte de realizar muchas funciones corporales. Por ejemplo, los músculos esqueléticos se mueven voluntariamente mientras, que otros músculos como el cardíaco se mueven de forma involuntaria. Entonces, los músculos están formados por capas de fibras que se superponen. Allí, llega la sangre, la linfa y los nervios. Aparte, están unidos a los huesos por medio de los tendones que están situados en sus extremos. De tal forma, que cuando sus fibras se deslizan unas sobre otras los músculos se acortan y se hinchan.

Cuando ocurre un espasmo muscular hay una contracción continua o estática que afecta a algunas o a todas las fibras de un musculo. Produciendo una contracción exagerada de la zona. Ya sea, por respuesta refleja a una lesión donde el dolor causa espasmo y este a su vez lo intensifica. O bien, por tensión emocional mantenida durante un largo periodo de tiempo. Esto conlleva a la máxima contracción muscular. Siendo frecuente como causa de desequilibrio físico, malas posturas, distorsiones, dolores de cabeza y dolores de espalda.

Dar un masaje relajante paso a paso

Dar un masaje relajante

 

El masaje relajante debe ser aplicado con diferentes grados de lentitud para favorecer una profunda distención muscular. A su vez, para dar un masaje relajante debemos entender el cuerpo humano como una unidad física, compleja, mental, emocional, social, que aprecia la creatividad y lo intuitivo como herramienta para ir manejando nuestros conocimientos técnicos y teóricos. Asimismo, es indispensable que cuidemos nuestra atención a la fluidez y la armonía. Para facilitar el contacto unificando nuestros movimientos con nuestra respiración, compases unificadores, con el silencio, el ritmo y la circulación de energía. De esta manera lograremos un masaje que provea de relajación y recomposición al cuerpo de quien lo recibe.

1. Posición de la persona que recibirá el masaje 

Lo primero es ubicar a la persona que recibirá el masaje. Pidiéndole que se acueste boca abajo. De ese modo empezaremos el contacto poniendo nuestras manos sobre su espalda y sintiendo su ritmo respiratorio. Así, evitaremos el problema de la mirada, le haremos sentir más confiada y ayudaremos a que se vaya relajando poco a poco con mayor facilidad. Lo que logrará que quien recibe el masaje se abandone a recibirlo y a alcanzar un estado óptimo de relajación.

2. Establecer el primer acercamiento 

Debemos establecer una relación de confianza que consiste en el estado interior de disponibilidad para el intercambio entre el masajista y el masajeado. Por ello para el masajista resulta ideal ser receptivo a los mensajes y movimientos que van apareciendo en la persona que recibe el masaje. Por lo que debemos sentarnos junto a la cabeza de la persona a la que vamos a masajear, con los brazos abiertos, la columna vertebral derecha y concentrando toda nuestra atención en el centro del cuerpo, 2 dedos por debajo del ombligo.

3. Respiración y meditación 

Continuamos en la misma posición que ya hemos adoptado y empezamos a tomar conciencia de la respiración. Ya que así, nos armonizamos, nos centramos y nos enraizamos para establecer un intercambio entre energía internas y externas. Convirtiendo la aplicación del masaje relajante en una forma útil de automasaje, evitando nuestro cansancio y reestableciendo nuestro propio equilibrio energético, mientras que se la aplicamos simultáneamente a la otra persona. Ahora, debemos sentir todo el aire que desciende a nuestros brazos y llena nuestras manos. Irradiándose a su alrededor a través de los poros de la piel. Así, hemos logrado el magnetismo de nuestras manos que nos permite estar preparados para comenzar el contacto con la otra persona que va a recibir el masaje.

4. El contacto 

El masaje es un mecanismo de contacto corporal que provee de beneficios psicofísicos. Así, que cuando lo damos debemos hacer sentir a la persona que lo recibe. Cuidada, atendida y aceptada a través del lenguaje del tacto, por ello es importante:

  • Empecemos por generar calor con nuestras manos

Para facilitar la relajación del masajeado y que este se abandone a la sensación de placidez que le estamos ofreciendo. Por ello, si nuestras manos están frías lo más recomendable es que las calentemos frotándolas vigorosamente, palma con palma, antes del masaje. Otra cosa importante, es que este primer contacto debe ser firme, pero suave a la vez, conectándonos con la aproximación de nuestras manos lenta y calmadamente. Presionamos de forma leve cuando la otra persona espira y disminuimos la presión cuando inspira. Mientras la armonía sea mayor más profundo será el masaje.

Asimismo, es indispensable, muy útil a la vez que nos mantengamos siempre en contacto con nosotros mismos y con nuestro propio centro mientras damos el masaje. Procuremos que nuestras manos estén siempre relajadas y las muñecas estén flexibles. De esta forma podremos seguir los contornos de las partes del cuerpo de la persona que masajeamos. Nuestras manos deben adaptarse a las formas del cuerpo.

5. Movimientos y posiciones de las manos 

Comencemos entrenando los siguientes movimientos que son puntos técnicos de referencia y que nos permitirán ir entrando en confianza:

  • Movimientos generales

Nos sirven para unir las distintas partes del cuerpo entre sí. Nos permiten tener una percepción global del esquema corporal. Al mismo tiempo, que vamos despertando una mayor sensibilidad y una mejor coordinación de nuestros movimientos, que se harán cada vez mejores con la práctica. Estos movimientos son:

Movimientos de roce o rozamiento: Las posiciones y movimientos básicos de las manos se adaptan a cada parte del cuerpo. Además, inician el efecto fisiológico y psicológico sobre la persona a la que le vamos a dar un masaje relajante. Se trata de movimientos amplios y superficiales, poco insistentes que cubren grandes zonas del cuerpo. Además se realiza con toda la mano, haciendo una ligera, suave y uniforme presión. Para ello, empleamos las dos manos de forma simultánea, sucesiva e independiente. Pero, sin perder jamás el contacto.

Estos nos sirven para extender el aceite en todo el cuerpo, calentando y  desarrollando la sensibilidad. Además, vamos activando la circulación sanguínea y la circulación linfática. De una vez relaja y prepara para los movimientos siguientes del masaje. Así, que debemos mantener nuestras muñecas flexibles y que se muevan en todas las direcciones. En definitiva, con estos movimientos comenzamos de una manera suave y envolvente.

Presión con deslizamiento: El previo rozamiento nos permite llegar a esta acción más profunda y dirigida. Para eso, debemos mantener las manos en la misma posición que durante el roce. Pero, ahora más fuerte y empujando la piel, de forma que hagamos un pliegue pequeño por delante de nuestras manos. Estos son los movimientos básicos de relajación muscular y favorecen la irrigación sanguínea de los tejidos profundos. Por lo que alternamos poniendo las manos como brazalete, haciendo mayor o menor presión con el borde de la mano. Además, se pueden hacer en todo el cuerpo.

  • Movimientos específicos

Tienen el objetivo de disolver tensiones de áreas concretas del cuerpo. Estos los vamos integrando en el masaje global y particularizamos según las tensiones de cada persona. Porque son diferentes.

Torsión: Con las dos manos en posición de brazalete las giramos en sentido opuesto. Lo que produce un movimiento en “S”, que se hace perpendicularmente, en ida y vuelta.

Amasamiento: Cogemos el músculo con toda la mano y lo amasamos moviendo nuestras manos de forma alternativa. Este, permite la eliminación de toxinas, despega las capas del cuerpo y activa el metabolismo muscular.

Fricción: Se trata del aplastamiento de los nudos musculares en planos subyacentes. Además, trabajamos los puntos dolorosos con movimientos circulares y/o vibratorios que debemos hacer con insistencia.

  • Manipulación de puntos específicos

Actuar sobre estos puntos nos permite influir sobre la salud general. Ya que, son puntos determinados que alivian algunos inconvenientes cotidianos. Por ejemplo, dolores de cabeza, piernas cansadas, dolores de espaldas, estrés, ansiedad y nerviosismo, entre otros.

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