Cómo controlar la ira

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En el mundo contemporáneo controlar la ira puede volverse un verdadero reto. Lamentablemente, la violencia que comúnmente le acompaña está presente en innumerables formas posibles. Desde las guerras hasta el simple trato cotidiano entre las personas son muchas veces establecidos con manifestaciones de ira. Y es que es una emoción humana que nos puede abordar. Tanto, que afecta los sentidos, el entorno donde convivimos y todo nuestro quehacer diario. A veces sin que notemos su presencia, la ira, en mayor o menor grado, altera la salud personal y social.

El individuo, implica un equilibrio o una interrelación entre los sistemas que lo componen. Asimismo, El sistema nervioso central, digestivo, endocrino, respiratorio,  inmunológico, deben estar en armonía para tener un estado de completo bienestar físico. Asimismo, la alteración de uno de ellos afecta a los otros. Y, la ira como síntoma emocional tiene la virtud de desequilibrar todo el organismo.

La ira es una de las emociones caracterizada por la rápida elevación del ritmo o frecuencia cardíaca. Por eso sube las cifras de tensión arterial, los valores de adrenalina y noradrenalina circulantes en sangre.  Por ende, los individuos que sienten un ataque de ira, presentan todo un cuadro con manifestaciones emocionales. Cuyas consecuencias provocan que el organismo completo genere reacciones. Por ejemplo, se ruboriza o enrojece, va apareciendo sudoración, tensión muscular, respiración acelerada, aumento de respuestas agresivas y violentas, que en algunos casos involucran hasta el uso indiscriminado de la fuerza física.

La amígdala cerebral  o  cuerpo amigdalino es una fuente importante de la ira, cuando aparece como respuesta inmediata a un hecho incontrolado. Y por otro lado la neocorteza,  asume una ira más controlada. Siendo una emoción relacionada con el impulso agresivo, es la respuesta que emite nuestro cerebro para atacar o huir del peligro. Por otra parte, el estado mental propio de los momentos de ira nos vuelve instintivos. De esta forma, merma nuestra capacidad de respuestas pensadas o analizadas.

¿De dónde surge la ira?

El sentimiento o la emoción que se experimenta con la ira, representa la expresión del estado de ánimo muchas veces difícil de dominar. Ya que, ella misma se proporciona los efectos estimulantes, provenientes del cerebro. Por ello, la ira vista de esa manera perjudica la salud y reduce la calidad de vida.

Existen diferentes clases de ira y se proyectan según sea la actitud que se asuma  ante un hecho. La ira toma una trayectoria según sea  el caso. La sensación de encontrarse en peligro, surge no sólo por una amenaza física. También. se da por una amenaza a la dignidad, a la autoestima, a la manera de ser tratados. La ira puede aparecer al sentirse tratado injustamente,  frustrado,  insultado o menospreciado. Estos eventos actúan como desencadenante de una oleada límbica sobre el cerebro. De inmediato libera catecolaminas y estas generan un rápido choque de energía que accionan hacia el ataque o la fuga. Este aumento de energía dura unos minutos y va de una a otra según el cerebro evalúe la oposición.

 

Controlar la ira

Por un lado, la amígdala cerebral, a través de la rama adrenocortical se dispone para la acción por más tiempo. Así, la ira puede durar horas o días, manteniendo el cerebro en excitación. Por esa razón, es que las personas irritadas, son más vulnerables a sentir ira por otras causas no relacionadas. Cuando esto sucede, la ira creciente es un impulso incontrolable que puede estallar en cualquier momento como una reacción violenta.

En este punto es imposible el razonamiento, los pensamientos giran  en torno a la venganza y a la represalia. Se actúa, sin medir las consecuencias, alimentando una posición de poder que lleva a la agresión. Se dan las respuestas más primitivas y la ira guía la acción.

Tomar el control de la ira con mucha autoestima

Cuando los estallidos de ira se intensifican, dar rienda suelta a ella, es la peor manera de calmarla. Porque esto hace que la excitación se profundice y se prolongue ese estado de ánimo. Así que para poder tener control sobre la ira, no hay que reprimirla sino simplemente no actuar en consecuencia. Sino, meditar concienzudamente, pensar en el bienestar propio, en los elementos positivos de la vida y la obligación de quererse a sí mismo, entre otras estrategias útiles que alimenten la autoestima.

La autoestima es la capacidad de apreciarse el propio valor y la importancia de nosotros mismos. Nos ayuda a mantener el carácter para responder por nosotros mismos.  Actuar de manera responsable con los demás sabiendo que somos lo que hacemos y afectamos todo nuestro entorno con nuestra conducta. Podemos controlar la ira en la medida que nuestras emociones puedan ser confrontadas permanentemente.

Algunas recomendaciones para controlar la ira con nuestra autoestima

  • Sentirnos capaces.
  • Creamos en nosotros mismos.
  • Correr riesgos aumenta nuestra estima.
  • Seamos responsables de nuestros actos.
  • Podemos disentir sin sentirnos mal.
  • Tomemos nuestras  propias decisiones.
  • Aceptemos que cometemos errores y los demás también.
  • Manejemos la agresividad.
  • Expresemos las emociones.

En una sociedad tan convulsionada y estresante, con un estilo de vida y hábitos malsanos, es fácil generar la ira. En un ambiente donde las personas viven en relaciones interpersonales superficiales e insatisfactorias la comunicación es muy limitada. Entonces, predominan las relaciones humanas competitivas con sentimientos  de rivalidad, tensión, ansiedad y miedo.  Es lo que hace que permanentemente se potencie esa reacción a pelear o huir o, peor aún, estalle en ira. Podemos desarrollar algunos elementos que pudiésemos llamar protectores contra cualquier situación amenazante de nuestro bienestar personal y psicológico. Se pueden ejercitar como medidas para controlar la ira ante cualquier situación que altere la conducta. Debemos hacer que nuestros pensamientos den una respuesta rápida, generar energía creativa y eficiencia en todo lo que se hace. Facilitar la adaptación a los cambios, porque una mentalidad limitada no es capaz de mirar las alternativas, acorralando al cerebro.

La ira es una emoción negativa controladora 

La ira es una emoción común que todos en algún momento de la vida llegamos a sentir. Asimismo, la podemos experimentar de manera necesaria porque nos permite huir, atacar o estar atentos a los peligros. Suele pasar con tiempo y paciencia. Pero, cuando esta emoción alcanza gran intensidad y se prolonga más de lo adecuado llega a extremos incontrolables. En consecuencia, envía unas señales que se deben tomar en cuenta, como son:

  • Señales físicas, que se presentan en el sistema digestivo, en los músculos, el sistema nervioso y el sistema inmunológico.
  • Manifestaciones mentales, pensamientos negativos continuos.
  • Señales emocionales. Alteración de la conducta que puede ser explosiva sin aparente razón.
  • Expresiones sociales. Aíslan socialmente, distanciándose socialmente, no mantienen una comunicación cercana, desconfianza de su entorno.
  • Señales psicosociales. La búsqueda de refugio en las drogas o el alcohol.

La ira afecta nuestras vidas

Un ataque de ira puede producir temblores y taquicardias, pánico incontrolado. Puesto que agota los recursos físicos y mentales incapacitando para pensar, y resolver problemas. Los desajustes producidos por la ira pueden conducir a la muerte, sea por efecto directo, o porque compromete al organismo.

La sucesión de pensamientos en torno a una misma cosa agudiza la ira y es la clave para hacerla crecer. Cuanto más tiempo reflexionamos sobre la situación que nos ha enfurecido, más buenas razones y justificación podemos encontrar. Con lo cual, insistir una y mil veces sobre un mismo problema alimenta la ira y la sensación de peligro.  Esto a su vez,  instiga cada vez más a buscar salidas irascibles e incapacita para pensar en posibles soluciones.

La ira comienza a controlarnos hasta que limita nuestra capacidad de pensar, de reaccionar para resolver problemas y conflictos. Si las situaciones son percibidas como algo negativo van a surgir los sentimientos y emociones que preceden a la ira. Por lo que hay que evitar el estrés, la desconfianza, la frustración, los temores y los deseos de agresión.

Hábitos positivos para controlar la ira

  • Desarrollemos el hábito de caminar, comer, hablar y manejar más lentamente, no vivamos permanentemente apurados, la velocidad resta tranquilidad.
  • Una actitud mental positiva, llena de optimismo, convoca a actitudes solidarias. Las preocupaciones y la negatividad son fuentes de tensión y estrés que condicionan la ira. Viviendo con alegría, sentimos satisfacción por lo que hacemos y por quien somos. Esto  por sí solo, ya es un mecanismo para controlar la ira.
  • La recreación, el contacto con la naturaleza, las vacaciones cada cierto tiempo son un relajante natural que baja las tensiones.
  • Realizar ejercicios físicos por lo menos tres veces a la semana por media hora, activa el cuerpo y lo mantiene fuera de peligro. Además, de que fortalece los sistemas, inmune, neurológico y endocrino. Al mismo tiempo que fortalece la propia capacidad de controlar la ira.

Controlar la ira

Dieta y baños son una clave para evitar la ira

Como todo lo que afecta nuestro organismo, hay algunos alimentos que pueden ser elementos restauradores del equilibrio de nuestro cuerpo e incluso de nuestras emociones. Por ejemplo:

  • Los cereales integrales como el arroz, el trigo, la avena, el maíz.
  • Las legumbres o granos como lentejas, frijoles, entre otros.
  • Los vegetales y las verduras.
  • Las frutas.
  • El pescado y las carnes

Para las excitaciones nerviosas, se recomienda tomar infusiones de plantas como la valeriana, el tilo y la manzanilla. Y al mismo tiempo evitar consumir café, alcohol, tabaco. Tampoco, debe consumirse grasas, alimentos refinados, azúcar, harinas, alimentos enlatados, gaseosas o dulces. Consumir suficiente agua diariamente, zumos de frutas naturales, licuados de frutas y vegetales.

Es recomendable también promover el hábito de los baños vitales fríos. Estos, estimulan la circulación sanguínea, son tonificantes, sedativos y regularizan las funciones del sistema nervioso. Logrando ser un buen remedio para controlar la ira.

Para realizarlos se coloca el agua fría en una tina o bañera. Sobre la tina se coloca una tabla, de tal forma que no toquemos el agua y podamos sentarnos sobre ella. Todo el cuerpo debe quedar fuera y con las manos formando una concavidad nos mojamos el vientre. La duración del baño es de 5 a 10 minutos. Este baño descongestiona los órganos internos y alivia el trabajo del corazón. Siendo eficaz, como para ayudar a controlar los ataques de ira.

Estrategias para controlar la ira

  • Confrontar la ira, aprovechando y desafiando los pensamientos que la disparan. Debemos buscar una información atenuante que permita la revalorización de los acontecimientos y neutralice el primer estallido de ira. Elaboración de pensamientos relacionados a la situación específica de manera positiva. Esta es una de las formas más adecuadas de aplacar la ira. Racionalizar la información permite buscar nuevos accesos que pueden desactivar la emoción que conduce a la ira.
  • El tiempo importa para la comprensión del problema y ubicarlo en su justo lugar. Debemos darnos un tiempo antes de la incapacitación cognitiva que puede provocar la ira.
  • Aprendamos a reconocer qué sentimos. Situarnos en el cómo y porqué sentimos ira, que razones y disposición hay para sentirla. Esto ayuda a valorar con justicia los acontecimientos.
  • Buscar la calma. Enfriarse, haciendo que pase la adrenalina. Así, es posible que no haya confrontación, que se logre romper con el pensamiento hostil. Buscando una distracción, si es posible que sea muy agradable.
  • Una estrategia muy eficaz es la de quedarnos a solas mientras nos calmamos. Es increíble como una multitud ruidosa conduce a la ira, a las peleas, y las confrontaciones. Pasear o caminar a solas, baja los grados de excitación.
  • Practicar métodos de relajación. Respirar profundamente y relajar los músculos, ayudan a bajar la excitación de la ira.
  • Liberar con actividad física. El ejercicio físico enfría la ira, baja la activación fisiológica haciendo que el cuerpo recupere su estado normal.
  • Las distracciones deben frenar los pensamientos airados que llevan a la ira. En momentos de rabia, ver tv, realizar una lectura, mirar una película, pueden ser un tranquilizante emocional.
  • Expresar la emoción. La comunicación es esencial para romper los esquemas de la ira. Lograr ventilar el problema o la situación proporcionara salidas alternativas.
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